Maestra “de a poquito”

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Carmen Cañabate
Maestra del CEIP "Clara Campoamor" de Huércal de Almería

Siempre digo que soy maestra vocacional, pero en realidad no estoy muy segura de que realmente sea así y no un cúmulo de circunstancias que me decidieron a esta profesión que me encanta y me enamora cada día más. Tal vez ayudara que como alumna tengo muy buenos recuerdos de la escuela, salvo un pequeño “problemilla” que me ha acompañado casi toda la vida: “hablaba demasiado”.

La vida es aprendizaje, todo lo que sucede a nuestro alrededor nos construye como personas, nos ayuda a crear nuestro itinerario personal, nuestro crecimiento como seres humanos.

Qué es para mi el aprendizaje

¿Qué es para mi el aprendizaje? La vida. La vida es aprendizaje, todo lo que sucede a nuestro alrededor nos construye como personas, nos ayuda a crear nuestro itinerario personal, nuestro crecimiento como seres humanos.
A veces, el aprendizaje no depende de nosotros y la vida nos obliga a realizar aprendizajes que hubiésemos preferido no hacer, pero siempre es responsabilidad nuestra cómo afrontarlos y qué partido sacar de cada uno de ellos.
Hay personas que se pasan la vida intentando aprender cosas nuevas cada día, que viven el aprendizaje como algo divertido, estimulante y que da sentido a su vida. Otras se acomodan en la rutina de lo conocido y sólo aprenden lo que la vida les enseña a la fuerza, éstas últimas suelen estar cargadas de pesimismo y energías negativas.

El primer contexto de aprendizaje es la familia. ¿Qué aprendizajes te ha ofrecido a ti?

bibliotecas 7Mi padre y mi madre eran hijos de agricultores y apenas pudieron ir unos años a la escuela, pero ambos cuentan con mucha pena que hubiesen sido muy buenos estudiantes, si la economía familiar lo hubiera hecho posible. Han luchado muchísimo hasta conseguir que sus tres hijas y su hijo llegasen a la universidad. En ese esfuerzo titánico me enseñaron a creer que la educación cambia la vida de las personas.
De mi madre aprendí muchísimas cosas importantes: a buscar el momento oportuno antes de hablar, a jugar al parchís, a saborear las palomitas con miel y sobre todo, qué cosas quería que cambiaran en la vida de las mujeres. Siempre he sentido que ella no debió haber nacido en la época que le tocó en suerte, al igual que muchas mujeres de su generación cuyos talentos se desaprovecharon detrás de una desmesurada falta de derechos, por eso siempre he dado muchísima importancia a la Coeducación en mi tarea como maestra.
Mi abuela materna me enseñó el valor de mirar la vida con positividad, a ver todo lo que nos pasa desde la idea de que nos sirve como crecimiento personal, aunque ella lo hacía desde un profundo convencimiento religioso que yo no he mantenido. Me enseñó canciones, poemas, dichos populares…, de algún modo fue la primera persona que me acercó a la literatura aunque lo hiciera de forma oral.
Con mis hermanas y mi hermano aprendía a compartir, a tolerar y sobre todo a reír y si alguien les preguntase a ellos, seguro que dirían que aprendí muy, muy bien, a mandar.
Por último con mi marido y mis hijas he aprendido mucho sobre negociar y ellos también dirían que en lo de mandar, aquí ya me doctoré.

Tengo,  en general, muy buenos recuerdos de mis maestros y maestras, Todos fueron muy importantes para mí, sobre todo porque siento que yo fui importante para ellos

Mis aprendizajes como estudiante

Mis recuerdos de estudiante hasta llegar a la universidad están muy ligados a emociones, unas maravillosas y otras no tanto.
IMG-20131030-WA0017El primero de mis recuerdos en la escuela se remonta a muy pocos años, no más de cuatro o cinco. Vivía en Cabo de Gata y me veo caminando del cole a casa pegada a la pared porque me había hecho “pis” encima y me sentía la persona más desgraciada del mundo.
Más adelante estudié en un colegio de La Canonja en Tarragona, en El Ejido y por último en Vera. De mi escuela de El Ejido, aún guardo como un pequeño tesoro un libro que me regaló mi maestro D. Ángel por haber sacado un 10 en matemáticas y que se titula “la estrella y su doble”. Tengo en general muy buenos recuerdos de mis maestras y maestros: Doña Lolita, muy seria pero muy buena maestra; Don Pedro, de quien me enamoré perdidamente; y Doña María, con la que tengo mis primeros recuerdos relacionados con una biblioteca. Más tarde en mi primer año de instituto, recuerdo al profesor de inglés, llegando a clase cada día con una mochila cargada de libros que soltaba encima de la mesa y al acabar la clase podíamos coger y cambiar sin ningún compromiso ni papel que mediara en aquella transacción. Todos fueron muy importantes para mí, sobre todo porque siento que yo fui importante para ellos.
Justo en mi paso de 1º a 2º de BUP mi familia se fue a vivir a Lérida y ese cambio marcó mucho mi vida y mi aprendizaje. Cambié de “problemilla” y pasé de “hablar demasiado” a hacerme dueña de una “timidez galopante”. Aprendí cosas que no tenían que ver con la escuela que yo había conocido hasta entonces. Aprendí cómo se sienten las personas cuando llegan nuevas a un lugar al que no pertenecen y no entienden la lengua e incluso algunas costumbres.
Mis aprendizajes de aquellos años, los verdaderamente importantes, no tienen que ver con mis profes, sino más bien con mis colegas de instituto. Eran momentos muy reivindicativos en Cataluña (acababa de morir Franco) y allí descubrí la pluralidad de ideas, la importancia de reivindicar aquello en lo que crees, entendí la importancia de defender una lengua que sientes como tuya, recuerdo mucha pasión y creatividad a mi alrededor y creo que fue el momento más importante de mi vida en cuanto a la construcción de mi ideología y mi modo de ver y encarar la vida.
Después en la Universidad no tengo grandes recuerdos de aprendizaje y aunque estudiaba magisterio, más tarde descubrí que no me habían enseñado a ser maestra, profesión que aún ando aprendiendo.
Después de magisterio intenté continuar estudiando psicología y abandoné porque me pareció aburrido y muy poco serio, era bastante común el que algunos profesores faltaran a clase sin dar muchas explicaciones y como ya estaba trabajando, decidí que era malgastar mi tiempo y abandoné. Muchos años después volví a intentarlo por la UNED con Psicopedagogía y la experiencia fue bastante enriquecedora; sobre todo, me encantó el apoyo virtual entre el alumnado y aluciné de ver la cantidad de cosas que la gente comparte con otros. De todos modos, creo que la enseñanza sigue siendo demasiado académica y se desaprovechan las posibilidades del aprendizaje colectivo que posibilita la web.

Cómo ando aprendiendo a ser maestra

Como ya he dicho antes, estudiando Magisterio, no aprendí mucho. No quiero decir con esto que no me enseñaran cosas prácticas, pero no supieron hacérmelas ver o yo no debí estar muy atenta porque recuerdo muy pocas que realmente me fueran útiles con posterioridad.
Mi primera escuela como maestra fue en Benizalón, una unitaria con niñas y niños de todos los cursos de la primaria para mí sola; fue una sustitución de tres meses y el primero me lo pasé asomándome por las noches al inmenso cielo de los Filabres, buscando entre las estrellas algún consuelo a la sensación de no saber cómo afrontar ese reto sola.
IMG_20141013_225205Pronto la gente del pueblo y la chavalería tan cariñosa y con tantas ganas me dio la fuerza necesaria para no abandonar en mi empeño.
Después de Benizalón siguieron otras unitarias: Gafares, Gafarillos, Turrillas, lugares en los que sin saber nada de tutorizaciones entre iguales, de proyectos o comunidades de aprendizaje, cuando echo la vista atrás, me doy cuenta de que de manera intuitiva muchas de esas prácticas estuvieron presentes en mi día a día, también la improvisación y las ganas de hacer, más que un verdadero conocimiento de cómo enseñar. En mis rurales aprendí sola, por ensayo y error, pero muy acompañada de las familias y vecinos de quienes recibí muchísimo apoyo, cariño y respeto. El último año fue especialmente interesante porque empezamos a unirnos para formar las agrupaciones rurales que dieron lugar a lo que hoy conocemos como “Colegios Rurales Agrupados”.

En mis escuelas rurales aprendí sola, por ensayo y error, pero muy acompañada de las familias y vecinos de quienes recibí muchísimo apoyo, cariño y respeto

Más tarde me dieron “la definitiva” en La Mojonera y me asignaron un ¡¡Primero de Primaria!! Justo el curso que nadie quiere y al que va a parar a la última persona en llegar. Entonces, entendía yo, como muchas maestras y maestros, que primero es el curso donde se aprende a leer y a escribir y en el que existe una enorme presión sobre docentes y criaturas. Si durante el primer trimestre de primero el grupo no consigue el acceso al código escrito ya se entiende como un cierto fracaso en ambos.
Era un colegio con un nivel sociocultural muy bajo, el nivel de aprendizaje también más bajo y el grado de “desengaño” de las criaturas con dificultades con la escuela era muy alto, así que la primera vez que abordé ese curso lo pasé realmente mal. Allí viví también los años del “desembarco masivo” de alumnado inmigrante, que venía sin conocimiento del idioma y en muchos casos podía ser que no hubiese estado jamás escolarizado.
Para mi consuelo, en medio de esa situación que endurecía las condiciones de la escuela, tuve la gran suerte de que se cruzara en mi vida Myriam Nemirovsky a través de una conferencia en el CEP de Almería. Escuchar a Myriam y conocer el enfoque constructivista del aprendizaje de la lengua escrita cambió mi vida profesional totalmente y a partir de ahí mi relación con la Formación Permanente del Profesorado no ha cesado nunca. Tuve además el lujo de estrenar un colegio nuevo con un grupo de compañeras que decidimos formarnos juntas en este enfoque de aprendizaje y con las que compartí cuatro maravillosos años llenos de proyectos atrevidos, en los que disfrutábamos de un aprendizaje basado en la reflexión sobre nuestra práctica docente y en la lectura tanto a nivel teórico como de experiencias prácticas de aula que otras personas estaban llevando a la práctica.
Esos años me sirvieron de anclaje para cuando en años posteriores me encontré “sola” en otros centros y me dieron fuerza y preparación teórica y práctica para argumentar a favor de un aprendizaje que tenía como centro el desarrollo psicoevolutivo del pensamiento de las niñas y los niños cuando están en contacto con la lengua escrita. Trabajar en primero de primaria pasó de ser una obligación a ser un lujo con el que he disfrutado enormemente durante mucho tiempo. Fueron unos años fantásticos donde fui conociendo a la mayoría de “docentes especiales” con quienes tengo el privilegio de colaborar.
También fueron años especiales por el tipo de alumnado. Andar rodeada todo el día de personas, sobre todo niñas y niños, con grandes carencias básicas, me obligó a posicionarme con mucha más fuerza contra un tipo de educación competitiva y segregadora, que añade a las dificultades económicas las dificultades derivadas de generar en el alumnado la conciencia de fracaso, de no ser nadie, ni valer para nada. Sus experiencias en el aula me mostraron que es posible trabajar juntos a pesar de hablar idiomas diferentes, que el trabajo colaborativo ayuda a aprender conocimientos, pero sobre todo a generar relaciones que cohesionan los grupos y que evitan problemas de conducta. Me enseñaron que el aprendizaje de las letras y los idiomas llega más tarde que el de las ideas y por lo tanto pararse años y años en el descifrado del código escrito sólo ayuda a incrementar las diferencias. Evidenciaron que hay que romper paredes en los centros y el propio alumnado es una herramienta poderosa de ayuda al aprendizaje.

Andar rodeada todo el día de personas, sobre todo niñas y niños, con grandes carencias básicas, me obligó a posicionarme con mucha más fuerza contra un tipo de educación competitiva y segregadora

También fueron años de atrevernos a dar valor a nuestro trabajo y presentar proyectos a instituciones y ayuntamiento que nos apoyaron económicamente en nuestras exposiciones, campañas.
En todos estos años mis aprendizajes como maestra fueron siempre muy acompañados y mucho más conscientes y planificados. La reflexión sobre mi práctica de aula se acompañó de miles de registros de observación, grabaciones de audio y posteriormente de vídeo que poníamos en común en el grupo para analizar y reflexionar sobre lo que había salido bien, pero sobre todo, lo que se podía mejorar y cómo hacerlo.

Lo qué significa aprender a leer y a escribir y porqué es tan importante cómo se aprende

La lectura y la escritura son las herramientas básicas del aprendizaje escolar; por lo tanto, las criaturas que no tienen acceso a ellas acaban siendo presa del fracaso escolar.
Aprender a leer y escribir es un proceso que empieza desde el momento en que las niñas y niños están en contacto con la cultura letrada y que no acaba nunca. Nos morimos sin saber “todo” sobre leer y escribir. Esa consideración de proceso le resta angustia a “primero de primaria”, que deja de ser “el curso de aprender a leer y a escribir” y pasa a ser uno más en ese camino.
El aprendizaje inicial se produce a través de procesos mentales que tienen determinadas fases y etapas comunes conocidas por la investigación y en que las niñas y niños elaboran “sus propias ideas” sobre la lectura y la escritura, que no se parecen en nada al “troceado artificial” de las cartillas de lectura, en las que no existe ninguna funcionalidad y ninguna riqueza lingüística. Esta idea de lectura y escritura lo que nos dice es que, desde el inicio de la escolaridad y a lo largo de toda ella, todas las niñas y todos los niños “saben a su manera” y están en una etapa diferente de la lectura y a escritura que va a ir evolucionando más y mejor cuanto más nos pongamos en contacto con la cultura letrada.
Por lo tanto, desde muy pequeñinas debemos ofrecer a nuestras criaturas el acceso a los textos con el uso funcional que tienen y debemos proponerles actividades en el aula que les ayuden a reflexionar con ellos sobre sus características, sus usos, sus funciones. Igualmente el alumnado con dificultades para acceder al código escrito, más que aislarlo para machacarlo con “letras, palabras o frases cortas sin sentido”, hay que ponerlo en contacto con la lectura y escritura de modo funcional y con sentido. Cuantas más dificultades tiene una criatura, más necesario se hace enriquecer su mundo con textos diversos y abrir nuevos horizontes a la cultura, cuando lo que generalmente hace la escuela es reducir y empobrecer los aprendizajes de las niñas y los niños con dificultades.
Del mismo modo que a andar se aprende permitiendo que se ande mal, o que a hablar se aprende permitiendo que se hable mal, a escribir y a leer se aprende permitiendo que se lea y se escriba mal. El error se convierte en fuente de información de dónde ayudar y de en qué momento evolutivo nos encontramos. Tristemente estamos demasiado mediatizados por la idea de la evaluación calificadora donde el error es síntoma de que algo está mal y hay que penalizarlo y tenemos poca apertura a que el error es una oportunidad de conocimiento y un paso necesario en todo proceso de aprendizaje.

Del mismo modo que a andar se aprende permitiendo que se ande mal, o que a hablar se aprende permitiendo que se hable mal, a escribir y a leer se aprende permitiendo que se lea y se escriba mal

Mi paso por la Formación Permanente del profesorado

Mi relación con la Formación Permanente del Profesorado también ha sido un proceso, como casi todo en esta vida.
Al principio como maestra la viví como una formación excesivamente transmisiva y que no acababa de cumplir mis expectativas, lo que me mantuvo alejada unos años de ese aprendizaje más institucional.
IMG_20130222_140614Como ya he mencionado antes, escuchar a Myriam Nemirovsky y conocer todo el trabajo derivado de las investigaciones de Emilia Ferreiro, me llevó a ser consciente de que me quedaba todo un mundo de aprendizajes para poder llegar a ser maestra en el sentido amplio de la palabra. También empecé a ser consciente de que la formación que realmente te ayuda a evolucionar es la que se produce en colaboración con otros docentes, en la que la puerta del aula se abre y se expone al análisis y la evaluación conjunta.
Después de un largo aprendizaje en dinámicas de este tipo, me atreví a dar el paso y solicitar una plaza como asesora en el Centro del Profesorado de Almería. Fueron ocho años fantásticos, llenos de grandes experiencias. Tuve la suerte de estar acompañada esos años por un grupo de docentes, asesoras y asesores temporalmente, que teníamos una misma visión de cómo debíamos enfrentarnos a este reto, y creo, aunque suene un poco presuntuoso, que nuestra labor fue bastante digna y que conseguimos algunos avances hacia una formación menos de sillón y más participativa, aunque esa visión nuestra de una asesoría más de campo y menos de oficina, tampoco fuese compartida por todo el mundo.
Ser asesora de formación me ha permitido cosas que deberían facilitarse mucho más a las maestras y maestros, como por ejemplo, hacer cursos y jornadas fuera del entorno cercano, conocer experiencias de otras provincias, de otras comunidades, saber que pasa en otros centros, conocer muchas buenas prácticas. Me ha dado una visión más amplia de lo que se está haciendo en los centros, de las dificultades a las que nos enfrentamos en educación. Ha acrecentado enormemente mi nivel de paciencia y tolerancia, sobre todo cuando he tenido que compartir tiempos y espacios con un tipo de docente que no tiene ni lo uno ni lo otro. Pero sobre todo me ha puesto en contacto con la riqueza de buenas prácticas que se hacen, en la mayoría de los casos desde el aislamiento y la soledad de las aulas. También me ha dado la oportunidad de hacer “crítica desde dentro” porque realmente creo que en la formación permanente hay demasiado trabajo de sillón y demasiado poco trabajo de campo.
Ahora que vuelvo a ser usuaria desde fuera, continúo pensando que se hace poca formación basada en la práctica de aula y desde luego a mí es la que me ayuda a crecer como docente.

Mi vuelta al cole

Después de ocho años de ver la educación desde otro “balcón”, hace tres cursos volví al cole. Fue un año duro, en el que me acompañó una enorme sensación de soledad, amortiguada por una montaña de sentimientos positivos dentro de mi aula.
Supone un enorme desgaste para mí, ese discurso actual de lo “mal que está todo”: el alumnado, las familias, las instituciones… y esa falta absoluta de autocrítica. Es verdad que nuestras instituciones educativas tienen mucho que mejorar, pero deberíamos dedicar “un ratillo” a la pregunta: ¿y yo qué puedo mejorar en mi día a día? La queja sin lucha es inútil y deprimente y vivimos rodeados de ese tipo de lamento.
Aún sin compañía, conseguí iniciar mi primer huerto escolar urbano, que las familias participaran en el aula, que mis niñas y mis niños tuvieran biblioteca de aula para leer, un “laboratorio casero” para investigar, un ordenador para acceder a Internet… y me reí mucho, mucho con ellas y ellos.
Y de repente me surge la oportunidad de trabajar en un colegio de nueva creación con algunas de mis compañeras de formación y montar un equipo e iniciar andadura juntas. Y en ello estamos, con mucho entusiasmo, con luces y sombras, con un colegio que crece y al que va llegando gente nueva, con visiones diferentes de lo que significa educar y con quienes vamos construyendo día a día un proyecto educativo. Llevamos poco, solo un curso y éste que comienza. Mi balance, positivo. Dudas, muchas. Sobre todo, tengo a mi alrededor docentes a quienes les interesa hablar en positivo de educación, que ven a niñas y niños como seres geniales en proceso de crecimiento personal y llenos de vitalidad, que se dejan acompañar de las familias y no les ponen muros, que saben que nunca se acaba de aprender, que se ríen conmigo, que me abrazan…
También comparto espacio y tiempo con quienes se angustian en exceso porque todo está mal, con quienes valoran que el aprendizaje solo se produce con el silencio, que la obediencia es imprescindible, que calificar y penalizar ayuda al esfuerzo, que si la letra no está metida en dos rayas o tiene errores ortográficos no sirve para nada. Me encantaría saber transmitirles que ese sufrimiento no ayuda a nadie, pero transmitir eso es complicado, o al menos yo no he aprendido a hacerlo todavía.
Y ahí vamos, como dice Myriam Nemirovsky, “de a poquito” con la seguridad de que una niña y un niño que se siente querido, aprende mucho mejor y que el mundo de los sentimientos y las emociones es lo más importante para conseguir buenos y verdaderos aprendizajes.

Si una niña y un niño que se siente querido, aprende mucho mejor y que el mundo de los sentimientos y las emociones es lo más importante para conseguir buenos y verdaderos aprendizajes.

Un mundo lleno de redes

IMG-20140405-WA0000_rEl mensaje positivo es que cada vez son más las personas que se dedican a esta profesión tan bonita y tan difícil y que abren sus puertas de forma desinteresada para que podamos aprender de ellas. Blogs educativos, proyectos colaborativos en red, grupos de Facebook, listas de Twitter, Google Sites…, nos ofrecen vídeos, fotos, registros de experiencias de aula, recursos… Todo un mundo de aprendizaje docente y también de relaciones humanas que no se dejan vencer por las distancias.
Movimientos como EABE o Novadors hacen que la gente añada el contacto humano al contacto virtual y que durante unos días personas de muy diferentes lugares, ideas, momentos de aprendizaje, compartan risas y emociones y sobre todo una idea común de que cambiar la escuela es también “cosa nuestra”.

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Publicado en: Informe biográfico

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