Carrera docente, carrera de fondo

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José Luis Castillo Chaves
Profesor

0) Antes del inicio

En mi familia son frecuentes los docentes. Mis dos abuelos lo fueron. Varios de mis tíos por la rama paterna lo fueron. Varios de mis primos de esa misma rama lo son. En mi familia se percibía con claridad el respeto que la gente del pueblo de mi abuelo sentía por él. En mi familia, dar clase y pertenecer al servicio público se vivía, se vive, como algo honorable, algo que hace que la vida merezca ser vivida con intensidad. Algo que otorga respeto si se actúa con rectitud y con preocupación por las personas.

En mi familia aprendí que merece la pena esforzarse en una labor docente que merezca respeto.

Y, todavía hoy, así lo siento.

0 bis) Antes del inicio, pero más cerca

Soy biólogo. Mi cerebro es biólogo. Pienso como un biólogo. He aprendido a pensar de más modos (como economista, p.ej.). Pero, sobre todo, soy biólogo. Y eso me hace ver la educación como una ruta metabólica. O como un ser hecho de tejidos y órganos. O como un ecosistema.

Tengo una mirada de biólogo para la educación.

Pero además, leo biología. Y ciencia. Todos los días (bueno, últimamente menos…). Y tengo otros centros de interés, aparte de la ciencia, sobre los que leo a diario (con perspectiva de biólogo): economía, política internacional, sociología… Hay gente que me ha dicho que esa manera de leer influye en cómo doy clase.

1) Inicio (ahora ya sí)

Mi trayectoria docente ha quedado marcada por haber comenzado mi trabajo en la antigua FP que existía en 1988. En un contexto en el que el alumnado con dificultades de aprendizaje o con mal rendimiento era derivado hacia esos estudios.

Desde el principio tuve que esforzarme por atraer la atención del alumnado, por motivarlo, por recuperarlo para un sistema educativo que los había filtrado, que los había expulsado de la ruta principal, que era la del BUP. Tardé un tiempo en asumir el reto y en comenzar a darle respuesta, en cambiar hacia la mentalidad necesaria. Sin duda, algunas cosas de las que hice en aquellos años iniciales no las repetiría ahora. Estuvieron mal, aunque entonces no las veía como mal. Daba clase como todo el mundo daba clase, trataba al alumnado como todo el mundo trataba al alumnado.

El catalizador que más aceleró mi cambio de mentalidad fue, sin duda, que mi primer centro de destino definitivo anticipara la implantación de la LOGSE al año de llegar yo; y me responsabilicé de coordinar ese proceso en su primer año, pese a no tener apenas experiencia (dos años dando clase no son nada…). Viví el resultado de aquel primer curso como un fracaso personal, pero hoy lo interpreto como el principio real de una evolución que me ha traído hasta donde estoy. Conservo muchas de las ideas y de las visiones que adquirí. Aunque fuera un momento de contradicciones y dudas y errores.

También influyó el que el centro en el que trabajé fuera uno de FP transformado en IES. Que coexistía en la misma localidad con otro centro de BUP. El cual se mantenía al margen de la reforma educativa. Y que nuestro alumnado hubiera experimentado un potente y nada explícito proceso de segregación. La visión de “si no vales para estudiar, métete a FP” se trasladó a “si no vales para estudiar, haz la LOGSE”. Ese discurso segregador se unía a un discurso, fuertemente politizado, que estigmatizaba la implantación de la reforma educativa desde los sectores conservadores; en el que la enseñanza transmisiva y selectiva que existía en BUP era un elemento que había que preservar a toda costa. No solo alabándolo, sino criticando al que consideraba su adversario. Y como la anticipación de la LOGSE iba ganando terreno en resultados, el discurso debía recrudecer su crítica. Estigmatizando aún más esa educación. Y a su alumnado. Y a su profesorado. Fueron tiempos de docentes criticando muy dura e injustamente a otros docentes. Mucha gente los ha olvidado. Yo no.

Aún más. En aquellos años, la comarca en la que se ubicaba ese IES era la comarca con menor renta media de una Andalucía, la que mostraba una de las rentas más bajas de la UE. Centrada en agricultura y ganadería tradicionales y en pleno proceso de pérdida de población hacia la costa, en búsqueda de empleo y de mayores remuneraciones. Lo cual tenía repercusión en el abandono temprano del sistema educativo por parte de mucho alumnado.

También durante esos primeros años me di cuenta de lo que no quería ser. No quería ser un dispensador de notas. Porque si las ponía de acuerdo con lo esperado, causaba daños. De hecho, haciendo lo que se suponía correcto, los causé. Como todo el mundo.

Igualmente me pareció que era muy aburrido e inútil explicar, y examinar, y corregir para poner una calificación. Si iba a estar muchos años en el sistema educativo, tenía que divertirme y sentirme útil.

No quería ser un docente que no dejara huella. Trabajo. Y trabajo mucho. Me esfuerzo. Y quiero que los aprendizajes que ayudo a producir permanezcan. Y me di cuenta de que no lo lograba en la medida que pretendía.

Por último, impongo disciplina. Tengo bastante altura. Y voz. Es frecuente que lleve algo de barba. Por tanto, me es fácil intimidar al alumnado cuando aparecen comportamientos disruptivos. Y lo hago. Pero no me hace sentir bien. Aprendí a hacerlo porque lo vi hacer, lo hicieron conmigo, me era muy sencillo. Pero nunca me ha hecho feliz actuar así. Aún hoy trato de desprenderme de ello. Con un éxito discutible, pero con esperanza de mejorar.

2) El siguiente paso

Tras seis años en ese primer destino, tras aprender que el fracaso escolar tiene mucho que ver con las condiciones socioeconómicas familiares, tras descubrir que el sistema educativo puede contribuir a agravar o a paliar esas condiciones iniciales, mi siguiente destino se sitúa en un centro ubicado en una comarca con elevado nivel de renta, ligada a agricultura intensiva, de invernadero. Pero también con acusadas desigualdades económicas y sociales, llegando, en pocos años, a contar con un elevado porcentaje (en el entorno del 35%) de alumnado inmigrante.

1379458_591663344232238_1807641498_nPese a las diferencias entre ambas comarcas, las dos compartían un abandono del sistema educativo para acceder al mundo laboral. Bien por necesidad, bien por no percibir que el sistema educativo preparase adecuadamente para un futuro profesional, bien por el coste de oportunidad económico que suponía seguir en él en vez de trabajar y obtener remuneraciones muy elevadas para personas de 14-18 años.

Ambas comarcas compartían una visión desfavorable del sistema educativo, en las que se percibía como una pérdida de tiempo y oportunidades, además de ser una amenaza para la autoestima de un alumnado con un bajo compromiso con el aprendizaje.

Y, al menos en los inicios, ambos centros compartían el estigma, creado por gente de visión conservadora, de ser centros LOGSE. Aunque en este segundo centro esa fue una etapa transitoria, pues pronto todos los centros fueron IES al implantarse totalmente la LOGSE.

En este segundo centro elegí dos cosas influido por mi opción educativa: a partir de un momento dado elegí no ser jefe de departamento, no entrando en las rotaciones habituales, tradicionales. Para concentrarme en la labor de tutoría, en la que sentía que desarrollaba más plenamente mi trabajo y que me llenaba más. Además asumí cinco años el ámbito científico-tecnológico en la diversificación curricular.

Ambos entornos, el de tutoría y el de diversificación, los convertí en laboratorios donde buscaba soluciones que, posteriormente, trataba de trasladar, poco a poco, a la práctica habitual de aula.

Ese enfoque resultó ser un acierto y aceleró mucho la evolución de mi docencia.

Otro elemento importante de este centro es su distancia a mi domicilio: me obligaba a desplazarme diariamente unos 30 km. Por tanto, muchos profesores del IES compartíamos vehículo. Durante los trayectos las conversaciones sobre el trabajo eran frecuentes. Siempre buscando una mirada divertida, tratando de que no nos asfixiara seguir dando vueltas a lo mismo. Nos reíamos mucho, sí. El centro de trabajo compartido era nuestro principal nexo de unión. Un nexo muy fuerte mientras se está en el mismo centro, muy débil al cambiar de destino. Además, en cada ocasión en que había una reunión por la tarde, muchas personas nos quedábamos a comer juntos. ¿Qué aporta esto a mi forma de hacer las cosas? Me abrió los ojos a la necesidad de colaborar. Yo solo, solo tenía techos. Yo, con gente, no veía límites a lo que podíamos hacer. Era una colaboración informal. La mayor parte del tiempo no muy estructurada. Ni falta que hacía. Pero plenamente eficaz. También me hizo ver el poder que tiene buscar enfoques divertidos, risueños, a la docencia.

3) Las preguntas y su contexto

En esos contextos, las preguntas que me hice fueron: ¿por qué mi alumnado, aunque apruebe exámenes, no aprende gran cosa de un año para el siguiente? ¿por qué mi trabajo, aunque sea intenso, suele tener poca utilidad para ellas y ellos? ¿por qué su trabajo tiene poca utilidad para ellas y para ellos? ¿qué cambios puedo poner en marcha para maximizar el aprendizaje y dar eficacia y eficiencia a mi labor?

Y todo ello con la intención de que exista un marco básico: sin lesionar su autoestima; al revés, realzándola en lo que me fuera posible. Bastante tiene ya un alumno o alumna con suspender… Pero siempre me ha llamado la atención lo difícil que resulta, en el día a día, siendo la educación obligatoria, lograr ser fiel a esto. La tensión entre las vertientes impuesta y respetuosa de la educación. Que hace mella, no solo en el alumnado. También, y mucho, en el profesorado…

Aunque este último aspecto quedó supeditado, en mi práctica docente, durante cierto tiempo, a otras cuestiones, dando prioridad a que el alumnado lograra aprendizajes, ahora me esfuerzo más en que tenga el protagonismo que por derecho le corresponde; en que se convierta en condición ineludible, no en circunstancia deseable.

4) El inicio de la respuesta

No hay un momento en el que surgen las respuestas. Hay un proceso en marcha, al que se agregan, muy temprano, las TIC (mucho antes del nacimiento de la ya fallecida Escuela 2.0; desde el Plan Alhambra). Y, conforme se van agregando, van facilitando la aparición de respuestas que anteriormente veía inalcanzables o ni siquiera me imaginaba.

IMG_20140117_141112Lo que sí hay es un motor de las respuestas: el alumnado. El esfuerzo por atenderlos es rápidamente percibido y se devuelve un cierto reconocimiento. Con lo que se pone en marcha un círculo virtuoso. Me esfuerzo en que lo que haga tenga utilidad, lo cual se reconoce en ocasiones por ellas y ellos. Con lo cual me esfuerzo más, con lo cual hay más reconocimiento. Lo que revela el poder del alumnado sobre el profesorado… De verdad que no exagero si digo que ellas y ellos han sido mis verdaderos maestros. Eso sí, para que ese motor funcione tiene que haber cauces de comunicación. Abiertos siempre. Y cuidados, muy cuidados.

Sin embargo, ese círculo virtuoso no siempre se pone en marcha. Es frecuente que haya alumnado que solo busque calificación, que no espere, o no crea necesario, aprender nada de mí o conmigo. O que se sienta presionado para no aprender, que entienda que aprender (proceso que exige tiempo) es antónimo de obtener buenas notas (así ven la selectividad). O que directamente rechace el sistema educativo; así, en general.

El reconocimiento por parte del profesorado es más complejo de percibir. A veces se mezcla la amistad con el reconocimiento. A veces lo bloquea la enemistad. Los celos profesionales son una realidad. Frecuente. Más de lo que se admite. Y que hay personalidades más egocéntricas, que alejan de sí los posibles reconocimientos, también es verdad. Es más… complejo. Y, por tanto, menos fiable. Aún así, también lo percibí así, también notaba que mi trabajo era valorado por un sector amplio de mis compañeras y compañeros. Lo que refuerza el círculo virtuoso. Y uno termina por trabajar duro para mantener esa imagen.

Así, en ese IES fueron naciendo aspectos que iba incorporando a mi trabajo. Unos se quedaron, otros se descartaron.

5) La respuesta

Tras trasladarme de centro, a la capital (un centro que percibo como más impersonal y mucho menos mío, menos coordinado, con muchas costumbres heredadas de otros tiempos y que ya han perdido su sentido pero perviven, con una cultura que no percibe como importante comprender que en otros sitios se hacen otras cosas y que sería bueno mirarlas, tras trasladarme a ese otro centro) intenté centrarme en organizar mejor la respuesta. Tenía los elementos básicos (o eso creía) y quería realizar un entramado sensato con ellos. Con la evaluación como eje central. Porque si se quiere cambiar la metodología, la evaluación tiene que modificarse para que sea coherente.

Pensé que tenía que poner la evaluación al servicio del aprendizaje. Porque realmente está al servicio de la calificación…

Para ello introduje seis ideas:

  • Ejercicios escritos sorpresa.
  • De cada tema había un repetición elevada de los ejercicios (cuatro mínimo).
  • Erradicación de la media para calificar.
  • Desaparición de la calificación no superada y aceptación de la nota más alta lograda.
  • Disponibilidad al principio de curso de un documento que recogía los contenidos que el alumnado tenía que superar.
  • Cada alumno podía preparar los contenidos a su ritmo.

De ese modo el alumnado podía cometer errores sin que tuvieran consecuencias. El examen se convertía en una manera más de aprender. Un alumno podría equivocarse una y otra vez y acertar al final con toda tranquilidad. Es decir, se atendía al aprendizaje.

Efectivamente, eso cambió la dinámica del aula. Empecé a ser acompañante del aprendizaje de mi alumnado, empecé a buscar aprendizajes auténticos, empecé a trabajar la autonomía. Y ellos empezaron a usar el libro de texto como una fuente, no como un referente. Es decir, empecé a quitar el maquillaje a la educación. A mirar las intenciones reales del alumnado (esas que se muestran cuando les dejas iniciativa, autonomía). A darme cuenta de que un buen indicador de que las cosas no iban bien era que el equilibrio entre enfoque autoritario (la educación es obligatoria hasta los 16 y un deber del alumnado es estudiar) y el motivador (no tiene sentido ordenar que algo se haga si realmente no se percibe como necesario por quien ha de hacerlo, porque cuando desaparezca la orden desaparecerá la acción) se desplazaba hacia el primero.

Abrir esta ruta tuvo consecuencias.

6) La anormalidad

A la vez que introduje la modificación de la evaluación, y la metodología comenzaba a variar de enfoque, empecé a escribir un blog. Un blog que, repentinamente, inesperadamente, tuvo repercusiones: porque era bastante leído. La primera es interna. Porque descubrí que sabía hacer una cosa que no sabía hacer: escribir de ciencia. Y lo supe porque había gente que, al hacerme visible, valoraba mi trabajo (no es que fuera extraordinario, pero sí era aceptablemente bueno).

La segunda es que la transparencia me hizo contactar con más gente que pensaba como yo (claustro virtual le llamamos…). Del blog salté a las redes sociales, especialmente twitter. Que era donde había gente con planteamientos similares.

Y de pronto era un profesor anormal. No hacía lo mismo que la inmensa mayoría de la gente docente. Usaba las TIC, colocaba en el centro la autonomía del alumnado, primaba la evaluación formativa sobre la calificadora.

Sentirse tan diferente asusta.

Y más cuando tu metodología de aula distinta y tu visibilidad tanto a través del blog como de las redes sociales te lleva a que te ofrezcan incorporarte a Servicios Centrales en la Consejería de Educación. En concreto, en el Servicio de Educación Permanente de la Dirección General de Formación Profesional y Educación Permanente. Para poner en marcha la modalidad semipresencial de la Educación Secundaria para Personas Adultas.

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA¡Uf…!

Donde descubrí la profundidad, el calado, el significado del fracaso escolar. Habitualmente no volvemos a tener contacto con el alumnado que ha fracasado. Abandona tu aula y ya está. Pero su vida sigue en alguna parte. Encontrar de pronto tantas historias de vida a las que el sistema educativo no aportó, o incluso torció sin tener por qué, me impactó.

También tuve la oportunidad de mejorar los fundamentos teóricos de lo que hacía. Y variar algunas de mis posiciones iniciales para orientarlas más aún hacia la necesidad de que la educación sea, realmente, una experiencia social.

Y lo peor… Cuando inicias este camino, a pesar de que tiene un montón de problemas, porque lo haces solo, no quieres ni puedes dar marcha atrás y volver a la normalidad. Cada vez te alejas más del promedio docente.

No que la gente docente prototípica lo haga mal. No, no es eso. Hacen lo que se espera de ellos. Lo que siempre se ha esperado: explicar, imponer disciplina, poner exámenes y notas. Y hay mucha gente que lo hace muy bien. Mi problema es que creo que la educación no puede ser eso.

Todo lo que viene después puede parecer interesante. La conexión con instancias de la Administración con capacidad de decisión, el ser conocido más allá del ámbito de tu centro, el participar como ponente en eventos educativos de relevancia a nivel estatal, el que cuenten contigo para ser formador del profesorado, el participar en la dinamización de organizaciones docentes horizontales (autoorganizadas, como EABE), el conectar con múltiples docentes de toda España, el ser objeto de Proyectos de Investigación y de Tesis… Todo eso son meras consecuencias. Y, por mucho que se diga, son meras consecuencias mucho más dependientes de la suerte que del esfuerzo. Simplemente he sido un docente anormal en tiempos donde había pocos docentes anormales. Y eso llama la atención. Pero no por la calidad del trabajo, sino por estar en un rumbo poco transitado.

No creo que sea un buen docente. A veces acierto, a veces no. Pero sí creo que soy un docente que ha elegido un buen camino que está poco transitado.

Creerse uno muy bueno por tener relevancia más allá de su centro es una manera como otra cualquiera de engañarse. A mí me salen mal muchas cosas. Muchas. Cada día es una lucha por lograr hacer algo bien. Donde unas veces lo consigues y otras no. Donde una serie de defectos estructurales (el autoritarismo, p.ej.) están presentes, y empañan mucho de lo que se logra, y requieren una atención constante para corregirlos.

No creo que sea un buen docente. A veces acierto, a veces no. Pero sí creo que soy un docente que ha elegido un buen camino que está poco transitado.

7) Autodefinición dentro de la autobiografía

Creo que intento ser un docente que crea escenarios de aprendizaje lo más auténtico posible (eso incluye explicar, pero es mucho más que explicar). Creo que intento ser un docente que dinamiza esos escenarios (eso incluye imponer disciplina pero muchas otras cosas más). Creo que soy un docente que intenta hacer transparentes esos escenarios para que haya gente que pueda opinar sobre mi trabajo y el de mi alumnado (eso incluye que pongo exámenes y notas, pero es mucho más que eso).

8) Los agradecimientos

Manuel Rubia. Compañero en dos centros, asesor del CEP de Almería. Y amigo. Te debo mucho. Me impulsaste a escribir el blog que me hizo visible primero, transparente después. Me has ayudado a comprender algunos de los principios que guían hoy mi trabajo. Has querido hacer una tesis sobre mi labor docente en el aula y me has dado parte de tu tiempo. Has sido capaz de ayudarme a reflexionar y mejorar cada cosa que ya creía buena.

Julia Castillo. Alumna primero, amiga después. Ahora muy buena amiga. Te debo mucho. Descubriste un potencial que yo no sabía que tenía. Y lo contaste a otras personas.

Paco Castillo. Jefe de Servicio de Educación Permanente en la Dirección General de Formación Profesional y Educación Permanente de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Y amigo. Te debo mucho. Me supiste gestionar. Porque no te centraste en entender lo que decía sino en entenderme a mí. Me supiste filtrar y me enseñaste que la papelera es una buena amiga. Me supiste moderar porque me ayudaste a pensar en consecuencias.

César Bernal. Profesor del Área de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Almería. Y amigo. Te debo, junto a Manolo, mi fundamentación teórica más sólida. La que uso todos los días para tomar decisiones que afectan a mi alumnado.

Claustro virtual. Lo bueno que tenga, como docente, se lo debo a la gente con la que me formo en la red.

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Publicado en: Informe biográfico
5 comentarios sobre “Carrera docente, carrera de fondo
  1. Enhorabuena José Luis, excelente reflexión y envidiable trayectoria. Me gustaría pensar que en algunas cosas sigo tu buena estela, como en el pensar como historiador o en la experimentación con diversificación. Otras cosas, como en lo de ser interino mientras los años pasan, no importa lo que hagas, nos diferencia de forma notable. Traslados, jefaturas….. ya me gustarían a mí esos problemas.

    Enhorabuena de nuevo, eres un ejemplo.

  2. Pilar dice:

    Genial y completísima reflexión. Me gusta saber que no estoy sola en esas ideas aunque me quede mucho camino para recorrer y mucho más que entender y cambiar. Falta lograr conocer la forma del cambio y usar un proceso adecuado. Espero no desviarme mucho y poder llegar a un buen puerto en mi trabajo con los alumnos. Algo debe cambiar en educación.

  3. Fernando dice:

    ¡En que buen momento he encontrado este artículo. Gracias por hacerme ver que aún hay gente qué siendo docente, es algo más que docente!

  4. José Luis, me alegra muchísimo haber formado parte de tu trayectoria profesional en cierta medida, pues fui alumna tuya. Como bien dices, siempre fuiste un profesor “anormal” que nos motivabas de las formas más inesperadas y hacías de la evaluación un proceso de aprendizaje. Siendo “diferente” nos hacías sentir iguales y que la biología fuera algo interesante. Sobre todo, nos incitabas a investigar y a buscar el por qué de todo.
    Cuando aprobé la selectividad, decidí ser maestra, y recuerdo que cuando te lo comenté, me dijiste que no fuera tonta y me metiera a otra cosa. Menos mal que no te hice caso, pues ahora yo soy también una “anormal” que considera que otra educación es posible. Intentó cada día dar lo mejor de mí con mi alumnado y creo que no lo estoy haciendo muy mal, aunque siempre hay aspectos que debo mejorar, claro.
    Te doy las gracias, pues ahora que también soy docente, me doy cuenta que tu metodología y tu forma de enseñar me hicieron ser mejor persona y ahora me hacen ser mejor maestra.
    Te mando un fuerte abrazo y te deseo lo mejor.
    Tu alumna y compañera de profesión Sonia Sánchez Barranco.

  5. NANCY OFELIA QUIÑONEZ dice:

    Me gusta tu compromiso con los estudiantes , debo hacer todo lo posible que podamos enlazarnos a esta busqueda, alumnos y todos los que conformamos este mundo de enseñanza- aprendizaje para alcanzar el fin deseado en nuestras escuelas .

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