Las cosas que tocamos o nos tocan nos van marcando

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Gema Cristóbal
Monitora de sala y Profesora de actividades de Fitness

Me llamo Gema Cristóbal Cabanillas, nací en Madrid, tengo 42 años. Estuve hasta los 23 en Madrid hasta que, de casualidad, pasamos por Vera y nos vinimos. Estudié en Madrid, primero en un colegio público, lo que antes era la EGB; luego dos años en un instituto público también, bastante malo. Me cambiaron por un favor que me hizo mi cuñado, que es director en un colegio privado. Medio castigo, medio ayuda, me metieron y gracias a que continuamente tenía un seguimiento de mi cuñado (para que no faltase a clase, estudiase y aprovechara el tiempo), acabé segundo de BUP, que había repetido, hice tercero,  COU y empecé en la universidad. Hice una prueba de acceso a INEF cuando acabé la selectividad y aprobé, pero en la nota de corte me faltaron décimas y no pude entrar. En mi casa me dijeron que en vez de estar un año sin hacer nada, empezase otra carrera y que por lo menos ese año lo aprovechara. Empecé Derecho y continué. Al año siguiente de hecho no me volví a presentar a INEF, porque suplí mi interés por el deporte formándome a nivel privado, la única manera que había en aquel momento para dar clases de aerobic, de step… Y empecé a trabajar en un gimnasio. En esa época también conocí el levantamiento de peso, empecé a competir y bueno, luego ya acabé derecho, pero tampoco he ejercido nunca.

Aprender es quedarte con enseñanzas de todo lo que se te plantea en tu vida: a nivel emocional, a nivel físico, a nivel intelectual… Las cosas que tocamos o nos van tocando, nos van marcando

-Bien, vamos a ir volviendo sobre tu trayectoria, pero en primer lugar, ¿para ti qué es aprender?

Aprender es quedarte con enseñanzas de todo lo que se te plantea en tu vida: a nivel emocional, a nivel físico, a nivel intelectualLas cosas que tocamos o nos van tocando, nos van marcando. Como decía Ortega, yo soy yo y mis circunstancias, y si no las venzo, me vencen.

Mi vida está muy marcada por la infancia que he tenido, por mi familia. Mi madre se quedó viuda cuando yo tenía cuatro años. Somos cinco hermanos como los Dalton: el mayor tenía entonces doce años y yo soy la más pequeña. Mi madre no trabajaba, vivía con mi padre; mi padre se murió y mi madre dijo: “bueno, ¿qué hago yo con estos niños?” Teníamos ahorros, pero tal vez para vivir un año, no más. En ese momento mi madre sólo sabía limpiar, y empezó también a coser en casa por la noche, se hizo representante de Tupperware, se puso a estudiar el Graduado Escolar… Y se metió de limpiadora en un hospital, en el Gregorio Marañon, de Madrid. Se sacó el graduado escolar mientras estaba limpiando, a través del graduado hizo un curso de auxiliar de clínica y aprobó una oposición para ser auxiliar, y se quedó trabajando en ello. Yo vi lo que ella hacía, y las circunstancias: ella se levantaba, cogía un turno de seis de la mañana a una, para que nos pillase en el cole, y luego cuando volviese pudiese ayudar. Entonces también te despabilas: con ocho años me hacía la comida, nos apañábamos en casa, me vestía, me duchaba, iba, venía, compraba. Yo ahora veo mi hijo con esa edad y digo: “no está despabilado”. El caso es que no lo necesita. Si realmente necesitase hacer eso, te vas adaptando a lo que te va viniendo. Sobrevivimos por eso: porque nos adaptamos.

Gema-Cristobal1-Has usado una expresión que me ha gustado: el aprendizaje hay cosas que tú tocas y que te tocan. En la vida nos encontramos con muchas personas, acontecimientos, que pueden pasar y no te pueden tocar. Creo que también requiere de una actitud.

Sí, estar abierto. Imagino que va en la persona, como el tener amplitud de miras. Hay gente que va por un caminito y le surgen oportunidades como a otros, pero no las sabe ver o no se atreve a cogerlas. Hay que ser un poco valiente, a veces inconsciente, para decir: “bueno, ¿y por qué no? ¿qué pierdo?” La persona que no quiere que le afecten o quiere llevar la vida establecida por el camino que le han marcado, a lo mejor desde su familia, no se plantea qué pierde si le va mal. Los que somos un poco aventureros, nos decimos: “¿y por qué no?” Luego, cuando te sale mal y te estrellas, hay que ser lo suficientemente inteligente para que no te afecte y ver el lado positivo. No es conformarte: “he hecho todo lo posible, he dado todo lo que podía dar; pues algo me habrá valido, aunque sólo sea como experiencia en el futuro tomar otras precauciones u otro camino“.

-¿Crees que el equivocarnos, los errores, nos ayudan a aprender?

Es lo que más te ayuda. Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Te enriquece sobre todo a nivel emocional. Es como cuando en el deporte fracasas: te preparas como si fueses a ganar, pero gana uno, y somos 40. Los otros 39 aprendemos por lo menos a sobreponernos, a levantarte. Y eso te enriquece.

Los errores te enriquecen a nivel emocional. Con el fracaso aprendemos a sobreponernos, a levantarte y eso te enriquece

-Has contado un poco tu experiencia familiar. ¿Qué recuerdos tienes tú del colegio? ¿Qué supuso para ti?

Del colegio tengo muy buenos recuerdos. Yo era de las que se levantaban contentas para ir todos los días y encontrarme con mis compañeras. No era el cole solo: tenía mi equipo de baloncesto, mi madre me apuntó a un equipo de scouts y hacíamos mogollón de actividades… He estado desde los ocho hasta los 20 en el mismo grupo.

-¿Recuerdas alguna anécdota de cómo aprendíais en el colegio?

Mi cole era chiquitito, y teníamos un grupo muy unido, éramos muy piña. Éramos todo niñas; luego se fue haciendo mixto por detrás de nosotras. En nuestro colegio nunca había habido viaje de fin de curso, y en nuestro año decidimos hacerlo. Estuvimos todo el año haciendo rifas, papeletas, camisetas, convencimos a dos madres, y nos las llevamos de viaje de fin de curso, que no sé cómo se atrevieron. Fue como un broche de oro a los años que habíamos pasado juntas. Vinimos de viaje de fin de curso a Torremolinos y algunas de mis compañeras no habían ido al mar, por ejemplo. Fue una experiencia que nos dejó un buen recuerdo.

-¿Y los scouts? ¿Crees que fue una experiencia de aprendizaje personal…?

Sí, porque no tiene nada que ver con las americanadas que estamos acostumbrados a ver en las películas. Era un tema muy ONG: los monitores e instructores no cobraban nada, todo el mundo voluntario, era gente súperentregada. Hice todas las etapas: empecé desde los más pequeños y acabé de monitor. Se trabajaba mucho (en aquella época no sabíamos como se llamaba) la inteligencia emocional. Lo que ahora mismo se está haciendo en los colegios (ayudar a gestionar las emociones, sociabilización, contacto, hacer grupos…) se llamaba para nosotros “educación por acción”. No te dabas cuenta, pero estabas aprendiendo. Se hacía mucho debate; todo llevaba una planificación, un desarrollo y una evaluación; también lluvia de ideas, juegos de rol… El que te metieses en el rol de otra persona, te pusieses en su piel, utilizases la empatía de ese papel que te había tocado. Yo creo que eso, a todos los que vivimos esa época, nos ha marcado a la hora de desenvolverte después en tu vida. Para nosotros era un trabajo durante todo el año. Íbamos mínimo una vez al mes de acampada, pero todos los fines de semana nos reuníamos. Había actividades de ciudad, (museos, cine…), campamento de Semana Santa, que eran cuatro o cinco días, y campamento de verano.

-Tenía una continuidad grande.

Sí. Bueno, entraban, salían, en la época de los quince desaparecía mucha gente, porque ya empezabas a salir, discotecas, amigos, novios… Pero a todos nos enriqueció. Además, se trabajaba mucho la competitividad, pero una competitividad sana. Estaba en un equipo y hacíamos mucho juego, mucha dinámica. Y te tocaba luchar contra otro que al rato iba a ser otra vez tu compañero. Te enseñaban a perder, a ganar, a controlar las emociones, la ira… A mí me esto me ayudó mucho a nivel laboral.

-Nos hemos quedado por el instituto y el paso al colegio privado…

gemacristobal2El instituto fue fatal. De un colegio donde éramos una una piña, grupo reducido, con las seños muy tutoras, muy pendientes, pasé a un instituto donde no conocía a nadie, muy libre, los profesores no sabían quién eras ni si ibas o no ibas. Pillé época también de reforma, nos manifestábamos nosotros, los profesores, no había colegio nunca… También creo que, aunque acabé con buenas notas, no llevaba mucha base, y en el instituto me descolgué. No iba porque no me enteraba de nada, estaba perdida. Fue un fracaso. Y sin embargo, con el retorno a través de mi cuñado, ya me fue muy bien. Volvíamos a clase reducida, profesores que estaban pendientes de ti. Me obligaban a ser más responsable.

-Pensando sobre esa experiencia, ¿crees que un aspecto importante de la educación es que no nos sintamos una masa, uno más, sino importantes?

Sí. En todas las facetas de tu vida tienes que notar que estás presente. En el momento en que te diluyes en una masa dejas de tener entusiasmo por lo que estás haciendo. Eso lo utilizo en mis clases: somos muchos, pero intento llamar a todos por su nombre, dirigirme a ellos mirándoles a los ojos, preguntándoles, tener una relación que no sea distante. Si llevo dos o tres días sin verte, te diré: “¿qué te ha pasado?” Porque te he echado de menos. Es muy importante; si no te sientes valorado, pierdes el entusiasmo, el interés, y sin interés, todo es muy costoso.

En todas las facetas de tu vida tienes que notar que estás presente. En el momento en que te diluyes en una masa dejas de tener entusiasmo por lo que estás haciendo

-Luego llega el momento duro de elegir qué estudiar.

¡Madre mía! El deporte me gustaba mucho, y dije: “pues voy a hacer INEF“. Me apunté a un gimnasio el año de COU. No lo saqué mal, lo que pasa es que era el boom, había tantísima gente, sólo se hacía en Madrid y a la nota de corte no llegué. De segunda opción había puesto Derecho, y dije: “bueno, tiene muchas salidas“. En aquella época sólo mirábamos qué tenía salidas. Nos daban charlas y no se interesaban por lo que nos gustaba. Creo que venían y decían: “a ver, ¿este año dónde ha quedado más hueco? Pues todo el mundo para Periodismo, o todo el mundo para Psicología…” Acabé porque soy muy cabezona. Cuando empecé a estudiar, empecé a trabajar, y mi madre quería que yo acabase: “no vas a estar toda tu vida en un gimnasio dando clase“. Un punto de inflexión fue cuando Carlos y yo nos vinimos a Vera: montar un negocio solos, tan lejos, empezar desde cero pidiendo un crédito al banco sin respaldo. Empezamos con todo: dábamos las clases, llevábamos las cuentas, hacíamos la limpieza… En la facultad yo no había hecho mucha vida social (tenía que entrenar, competir, estaba trabajando), pero cuando dije que me venía para acá, una compañera se ofreció a mandarme los apuntes. En aquella época no había Internet, andábamos con sobres de SEUR, y estuvo durante tres años mandándome los apuntes en fotocopias y entregando por mí los trabajos. Esa chica fue ahí mi ángel, y me ayudó hasta el último día de carrera. Acabé un poco por no dejar algo a medias, y porque quién sabe el día de mañana. Creo que tiraría por otros derroteros.

-Mientras estudiabas empezaste ya con el deporte. Cuenta tu experiencia.

Deporte siempre he hecho: en el cole hicimos un grupo de baloncesto, con los scouts siempre hacíamos mucha actividad deportiva, senderismo, trekking, campamentos en bicicleta… Pero ya más intenso, preparándome para el acceso de INEF. Empecé en un gimnasio, el que me pillaba más cerca, y ahí le daban mucho a la competición en levantamiento de peso. El monitor que había vio que se me daba bien, y empezó a picarme. Salí, empecé con muy buenas marcas, en seguida estaba batiendo el record de España. Teníamos que buscarnos la vida, porque era un deporte que no estaba subvencionado, era más costoso. Y hemos competido europeos, gané el campeonato del mundo

-¿En qué?

Es levantamiento de peso, se llama powerlifting. En España no se conoce mucho, se conoce más la halterofilia. Pero bueno, esto son movimientos parecidos a la halterofilia, se hace sentadilla, press de banca y peso muerto. Se suman los tres y va por categorías chico-chica y categorías de peso. Gané el campeonato del mundo, nos fuimos a Suecia. La primera y la última que ha ganado un campeonato del mundo un español, y muy contenta. Es otra de las cosas que apareció de repente y me han aportado mucho a mi carácter: aprender a que no siempre todo sale bien, esforzarte hasta dar el último aliento en los entrenamientos… Eso te marca y te ayuda también en el trabajo y la vida.

-Antes hacías referencia a cómo la experiencia en los scouts y el deporte te ayuda para ser una buena profesional…

Sí, sobre todo por eso, aprendes lo que te comentaba. Ganas a lo mejor una vez si tienes suerte y pierdes muchas. Y te matas, te dejas la piel entrenando y no siempre sale bien. Te acostumbras a luchar contra las dificultades, a ponerte metas e ir siempre al límite, a intentar mejorar y conseguir lo que te hayas propuesto. Eso te ayuda a que en tu vida vayas siempre con objetivos marcados y lleves unas miras altas, siempre intentando mejorarte. Y, cuando no sale bien, controlar la frustración y saber valorar lo bueno que ha tenido. El tema psicológico es muy importante en el deporte. A veces hay campeonatos que los gana la cabeza, no el cuerpo. Al final, en la élite, está todo el mundo tan igual que la actitud y la confianza con la que llegue uno a la competición es lo que decide.

Gema1-Ahora, profesionalmente, te toca dirigir muchas clases. ¿Cómo concibes el aprendizaje en ellas?

Tengo unas clases muy dispares. Cada grupo tiene unas inquietudes, pero dentro de cada grupo hay distintas expectativas. Según acaba una clase, cada uno ha recibido una cosa diferente. Por ejemplo, tengo clase de muy mayores, de 50 para arriba, para pre y postmenopausia. Esta clase tiene un ambiente diferente: ellas vienen a sentirse bien aquí. Algunas tienen problemas físicos serios; otras a nivel familiar, han perdido hijos… Vienen y se van mejor, me lo agradecen. En las otras clases tengo de todo: gente que quiere mejorar aspecto, perder grasa, rehabilitar… Dentro de eso, intento darle a cada uno lo que va buscando.

-¿Qué consejo le darías a alguien que fuera a empezar a impartir clases?

En mi ramo (el deporte, la salud, bienestar), buscar sobre todo qué te estan demandando. Dar lo que te piden, con cariño. Yo soy muy dura en las clases, en plan teniente O’Neil, pero les estoy tratando a alguno como si fuese mi amiga del alma, otra como si fuese mi madre… siempre con cercanía e intentando ver qué han venido a buscar.

Hay que trabajar mucho la empatía, meterte en su piel y preguntarte qué te gustaría tener en el gimnasio o recibir en la clase

-Has hablado de una cosa importante, ¿qué papel juega en todo eso las emociones?

Mucho. Creo que la persona que se va contenta va a tener muchas ganas de volver al día siguiente. Tenemos mucha fidelización de los clientes, y es un poco por eso, por el buen ambiente. Intentamos que todo el mundo esté a gusto, que nadie pueda sentirse avergonzado o superior, que todo el mundo encuentre su sitio. Hay que trabajar mucho la empatía, meterte en su piel y preguntarte qué te gustaría tener en el gimnasio o recibir en la clase.

-Luego también, el mundo del deporte ha estado muy copado por hombres. Como mujer, ¿qué ha supuesto esa experiencia?

En mi época, si hacías ballet, fenomenal; pero decías que levantabas pesas, y encima tenías los brazos un poco fuertes, y decían: “el cuerpo de esta chica no es femenino”. Ahora parece que está más extendido, se ven más chicas en forma, pero es verdad que al principio te miran raro.

-Luego, en las clases a ti te toca trabajar con mujeres de pueblo, que a veces tienen un rol creado de ama de casa. ¿Cómo tratas el tema de la igualdad de oportunidades?

Hay de todo. Yo me he llegado a sorprender porque hay gente más liberal de lo que pensamos, y han pensado así siempre. Luego, la vida está cambiando mucho y los hijos nos han hecho evolucionar. Entonces, muchas mujeres de éstas, cuando ven que sus hijos están llegando a unas edades en las que les toca relacionarse, se están abriendo mucho. Están abriendo las miras a lo multicultural, interracial… No sé si también ha influido la televisión. Luego, para otras cosas te dices que hace falta que lleguen los años. A mí me ven con otros ojos porque no soy de aquí, cuando en Madrid los barrios son exactamente igual. Yo llevaba mis pintas y mis vecinas le decían a mi madre: “¿pero cómo le dejas ponerse esa cresta?“, y decía ella: “si es buena chica, es la que te sube el carrito cuando te ve en el portal“.

participantes3-El que la zona haya tenido que asumir mucha población de fuera…

Sí, Vera es muy cosmopolita. Hay pueblos más al interior donde se nota el salto generacional o cultural, es como estar en la segunda temporada de Cuéntame. Y sin embargo, en Vera hay mucha gente de fuera, por trabajo, plazas… Y luego, el mar creo que es una buena puerta a la cultura.

-En tus clases le das mucha importancia a la expresión corporal, a la creatividad. ¿Crees que también está vinculado al aprendizaje?

Claro. Los niños, en el cole, lo que tienen que aprender es a expresar lo que sienten, a abrir las emociones que tienen y a plasmarlas: bailando, pintando, escribiendo, como les guste. Y hay que darle mucha importancia a la expresión corporal.

-¿Crees que los colegios le dan suficiente importancia al cultivo de la creatividad, o están muy encorsetados en lo académico?

Por la experiencia de mis niños, que son pequeños, veo que sí se fomenta la creatividad. También es donde caigas. Tenemos la suerte de que el cole es un poco pionero en ese aspecto. Ahora el pequeñajo va a funcionar durante el tercer trimestre por proyectos, no por libro. Es profundizar en un tema y utilizar todos los recursos que tenemos, involucrando también mucho a la familia. Nos juntamos el fin de semana y el viernes vamos a comprar el material, el sábado limpiamos la mesa y sacamos pintura, recortables, tijeras… No es sólo lo que están aprendiendo ellos, sino la experiencia de familia que sacan. A veces perdemos el tema familiar. De pequeña, mi madre nos montaba el domingo en el coche a todos y nos íbamos a comer con mis primos, mis tíos, al campo, al nacimiento del Manzanares. En mi familia somos muy camada, nos gusta ir juntos. Nos tragamos todas las películas de los niños, vamos a los parques temáticos…

El trabajo por proyectos en la escuela implica también a las familias

-Para terminar, si tuvieras que ponerle un título a la entrevista, ¿qué elegirías?

No sé, para mí es muy difícil englobar el aprendizaje en una frase sola. Creo que aprender es irnos quedando con todo lo que va apareciendo en nuestro camino: lo que sentimos, con lo que actuamos, lo que nos toca y afecta. Nos marca a nivel intelectual pero sobre todo nos prepara a nivel emocional. Y hay que aprender durante toda la vida. Hace poco leí que la gente de la tercera edad deben mantenerse activos, pintar, leer, lo que les guste. La pérdida de neuronas es por falta de actividad. Pues bueno, yo a mi madre la tengo hasta en el Facebook.

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Publicado en: Entrevista
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor: José Antonio Casares González
3 comentarios sobre “Las cosas que tocamos o nos tocan nos van marcando
  1. Amada dice:

    Enhorabuena campeona!!!

  2. m Carmen Cabanillas Mera dice:

    Me ha gustado mucho la Entrevista. Es mas me ha Emocionado. Muy bien por Gema.

  3. Lucia dice:

    Gema eres grande en todo, eres más que campeona, eres un ejemplo , eres única.

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