Aprender es vivir: educar desde las emociones

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Maribel Soriano
Profesora de Pedagogía Terapeútica
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Me llamo Maribel Soriano y soy profesora de Pedagogía Terapeútica. Empecé hace 21 años en Málaga, trabajando en un centro específico de Educación Especial, luego trabajé en un aula de apoyo dentro de un centro ordinario y más tarde  en un aula específica dentro de un centro ordinario. Actualmente estoy en Secundaria en un Aula de Apoyo (o Pedagogía Terapeútica) y trabajo con alumnado adolescente que no tiene discapacidad intelectual, sino que tiene problemas a nivel sociocultural o desfase curricular.

-Vamos a hablar de dos dimensiones del aprendizaje: el tuyo personal y tu trabajo en el ámbito del aprendizaje. ¿Para ti qué es aprender?

Es complicado, pero para mí aprender es vivir, porque yo no concibo la vida sin un aprendizaje. Ahora mismo estoy aprendiendo, con cada persona con la que me relaciono aprendo, en cada situación aprendo. Entonces, para mí vivir es aprender.

Con cada persona con la que me relaciono aprendo, en cada situación aprendo

-Conforme transcurre nuestra vida  podemos releer nuestra historia en clave de aprendizaje. Remontándote a tu familia, a la escuela, al instituto, universidad y ámbito de trabajo, ¿qué hitos señalarías en tu aprendizaje?

Nací dentro de un ambiente cultural bastante aceptable donde no se me ha premiado jamás por sacar buenas notas ni castigado por suspender, sino que se me ha educado en la responsabilidad: “Tú eres responsable, yo no te voy a dar una herencia, te voy a dar unos estudios. Elige tomarlos“.

Cuando era pequeñilla, cuando estaba en el cole, yo quería ser científica, y tanto el profesorado como mi familia me apoyaron totalmente en eso. Fue muy curioso. Mi madre me compró un microscopio para que yo investigara.

Luego estuve en un centro privado interna, y ahí se me rompieron un poco los esquemas. Fue una época a nivel de aprendizaje bastante dura: el separarme de mi familia (mis padres hicieron lo que consideraban mejor, porque era un colegio privado de monjas) para mí me supuso estar en la cárcel. Yo le decía a mi madre: “mamá, sácame de aquí, méteme en un instituto público que yo te prometo que allí voy a aprobar, voy a sacar buenas notas; yo no quiero más un centro privado“. Me encontraba muy mal, no casaba conmigo. Además, tuve un montón de historias, de incluso repetir un curso, de expulsiones… No me encontraba. Pasé al instituto y cambió mi vida totalmente. Fue cuando me dije: éste es mi momento. Sería segundo o tercero de BUP. Y entonces, a partir de ahí, cambió mi vida. Me hice muy curiosa. Yo tenía mucha dificultad, por ejemplo, para hablar en público. Entonces yo sola me obligaba a ser voluntaria en trabajos de grupo, a ser la portavoz, en las asambleas de clase era la moderadora… para superarme en ese aspecto.

Luego hubo otro momento de incertidumbre en mi vida, que fue a la hora de elegir la carrera. Yo iba a hacer ATS, tuve un accidente de coche, murió mi novio, con el que iba a hacer la carrera, y se me planteó la vida de otra manera. Fue un cambio al decir “aquí y ahora estamos, y no hay nada más“. Claro, en ese momento tenía un desbarajuste mental horroroso y tuve que pedir ayuda a un psicólogo. Me orientó sobre qué iba a hacer, porque no lo tenía claro. No sabía si hacer Psicología, si hacer Magisterio, y me dijo: “mira, hay una especialidad en Magisterio: de Educación Especial (yo fui la segunda promoción), te aconsejo que hagas primero Educación Especial y luego haces Psicología si quieres“. Y así lo hice. Me metí en la carrera sin tener ni idea de lo que era aquello. Conforme avancé, me fue gustando.

Maribel Soriano

Maribel Soriano

Al terminar me di cuenta que sabía mucha teoría pero ni idea de cómo llevarla a la práctica. Me encontré en un centro específico con un grupo de siete alumnos con una discapacidad bastante profunda, y me dieron siete mesas y siete sillas. Ningún otro material: uno se estaba masturbando, otro tirando chinos al techo, otro solamente comía y comía… Era una cosa increíble. Y cuando terminó el curso conseguí que estuvieran en su sitio sentados haciendo garabatos, haciendo lo que correspondía. Entonces fue muy gratificante para mí. Claro, después de dos años necesitaba algo más. Yo soy una persona muy inquieta, necesito siempre estar moviéndome, tengo muchas ganas de aprender, mucha curiosidad. Entonces, decidí cambiarme a un centro ordinario. Estuve trece años en Fiñana y allí, aparte de mi clase, fui directora 13 años. Fue muy enriquecedor también, tuve muchísimas experiencias: buenas, malas, pero todas de aprendizaje. Después de allí me vine a Cuevas de Almanzora, donde estuve dos años años. También me propusieron meterme en la dirección, pero no era mi momento ni me apetecía. Llevaba un montó de años con la inquietud de trabajar con otro grupo de alumnado, los adolescentes. Estaba saturada de enseñar a leer y a escribir, y decidí meterme en Secundaria. Y bueno, esto ha sido otro hito importantísimo en mi vida, porque he empezado a realizarme más. Siempre me he realizado como persona, porque he asistido a muchos cursos, he estado reciclándome, pero aquí era un reto a nivel personal. Siempre le he tenido mucho respeto a los adolescentes (que si se burlan de ti, que si es una época de cambiar…), y para mí ha sido un reto a nivel profesional y personal muy interesante. He tenido la gran suerte de estar en este centro, porque me acuerdo de que cuando lo planteaba me decían: “¿Cómo se te ocurre a ti? Una maestra en Secundaria, te van a decir que eres el último mono“. Y aquí, desde el primer momento me acogieron como una más. He podido realizarme como persona, soy coordinadora de un grupo de trabajo de PNL (Programación Neurolingüística), soy también la coordinadora del grupo de Escuela: Espacio de Paz, formo parte del grupo de trabajo de gestión de la calidad, estoy trabajando en un montón de cosas, a cual más interesante… Aparte de eso, también me he hecho el Practitioner, y el Máster en PNL, y estoy haciendo el Experto Universitario en Desarrollo personal, Autoconocimiento y Educación Consciente (Mindfulness).

-Una trayectoria llena de hitos importantes. Es una bella explicación narrativa de lo que has afirmado previamente: aprender es vivir. ¿Crees que la vida nos va enseñando a aprender  desde nuestras decisiones, desde nuestros errores?

Por supuesto. Yo siempre le digo a la gente con quien hablo que no existen los fracasos: son resultados para aprender algo. A mi alumnado, cuyo nivel de frustración es bastante alto, les digo lo mismo: “no te agobies por un fracaso, por un suspenso, no te preocupes; es sólo una oportunidad para decir “de esta manera no hay que hacerlo, voy a aprender a hacerlo de otra manera, o voy a intentarlo de otra manera“. No existe el fracaso.

No existen los fracasos: son resultados para aprender algo

-También, después de terminar tus estudios, has realizado otra serie de estudios vinculados al PNL, autoconocimiento, las emociones… ¿Qué papel ocupan las emociones en nuestro aprendizaje?

Tienen un papel importantísimo. Yo no concibo un aprendizaje sin emoción. Si tú no se la pones, el alumnado no percibe esa emoción para tener ganas de aprender.

-La escuela a veces no ha tenido en cuenta las emociones a la hora de configurar el curriculum, que ha estado, y sigue estando,  muy vinculado al contenido. ¿Qué aporta el trabajar las emociones con alumnos que también tienen trayectorias de fracaso escolar, de carencias afectivas, e incluso de  vulnerabilidad social?

Trabajar las emociones con ellos permite trasmitirles un montón de valores, enseñarles que son oídos, que son respetados, que el conocimiento es importante pero que no lo es todo en la vida, enseñarles que son capaces. Trabajo mucho las emociones cuando hay alguna conducta que no es la correcta. Jamás les digo “eres un desastre“, sino “en este momento esta conducta es de determinada manera“. Hoy, por ejemplo, he tenido una historia con una alumna. Estaba muy nerviosa y le he invitado a que se fuera dos minutos fuera a tranquilizarse. Digo: “Vale, tú eliges. Primero, lo que yo te estoy enseñando es que, no en esta situación de aprendizaje, sino cuando te vayas fuera del instituto te van a surgir momentos en que tienes que hacer algo, y tú no le puedes decir a una persona ‘no, no voy a hacerlo’, sino que tú tienes la opción de elegir entre sí y no; atente a las consecuencias“. Siempre, cuando hablo con ellos, la conducta es “tú eliges“, porque parto de la idea de que las situaciones son neutras. Entonces tú haces; depende de ti que esa situación te resulte gratificante o te resulte dolorosa.

-Creo que también hay otra cuestión importante y que está vinculada a lo que acabas de exponer: a veces la educación o los aprendizajes han revestido esa dimensión, un tanto maniquea, de juzgar a las personas. ¿El trabajar esa neutralidad o esa importancia de la emoción abre un nuevo horizonte para las relaciones personales?

Parto de la idea de que el juicio, para mí, no existe. Entonces, jamás voy a juzgar a una persona, un comportamiento, puesto que esa persona hace lo que sabe hacer en ese momento, y es lo único que sabe hacer. ¿Yo quién soy para decirle “eso que tú estás haciendo es incorrecto“? Siempre parto de esa idea, de que el juicio no es válido para mí. Yo no juzgo; no me gusta que me juzguen; no juzgo.

-Pero, por otra parte, sí que abres una perspectiva.

Por supuesto, en el momento en que una persona no se siente juzgada, está abierta a lo que puedas decirle, y a lo que ella te pueda aportar a ti.

Cuando una persona no se siente juzgada, está abierta a lo que puedas decirle, y a lo que ella te pueda aportar a ti

-Unido también a esa educación emocional (hablábamos hace unos días de la arqueología de los sentimientos, es decir, de cómo en el sistema educativo las emociones y los sentimientos han estado sepultados y es necesario realizar  la labor de descubrir ese yacimiento que es central en la vida de las personas), ¿tú como trabajas esa arqueología de los sentimientos?

Tengo la suerte de que el equipo directivo me ha dado tres horas a la semana para la atención directa al alumnado. Entonces, cuando hay un problema, normalmente de tipo afectivo o emocional, vengo aquí y trabajo con ellos. Y jamás doy sermón, jamás doy una charla. Siempre lo que hago es que la persona busque la solución dentro de sí misma y que ella sea la que dé la solución a su problema emocional. Es muy interesante, porque ellos cogen la responsabilidad de su vida. Se hacen responsables al 100% de su vida. Si tú coges a un alumno que tiene un problema emocional y le das la charla y le dices “tú deberías de hacer tal y cuanto“, escucha la charla, como todos los adultos hacen y punto. Yo parto de la idea de que en el momento en que es él el que busca la solución, él se hace responsable al 100% de su vida. Y la solución que busca es la que realmente le sirve, a nivel emocional, cuando tiene problemas de tipo académico.

-También has hecho referencia a que te toca trabajar con alumnos que tienen dificultades, que viven procesos complejos que les impiden alcanzar  los objetivos que están estipulados en el sistema. Eso es un reto grande, porque son alumnos que se han ido desenganchando del carro del aprendizaje, se han bajado. ¿En un aula de apoyo, junto a los contenidos, desde los distintos niveles curriculares que te encuentras, tu gran trabajo es reincorporarlos a una dinámica de aprendizaje?.

De hecho, es interesante cómo se motivan teniendo un objetivo. Este curso tienen una motivación en cuanto que el orientador les comentó que tenían la posibilidad de acudir al PCPI, no te puedes imaginar qué interés tienen en aprender. Es una pena que se reduzca esa motivación a este aula. Ellos se ven incapaces de generalizar el aprendizaje, o llevarlo al nivel de competencia curricular que tienen en otros sitios. Mi labor fundamental es hacer que ellos se sientan capaces. Y aquí se sienten capaces de hacer las cosas, se sienten importantes, se sienten valorados, se sienten útiles. Hay un alumno árabe que sabe hablar un poquillo, pero leer y escribir apenas sí sabe. El hecho de que poco a poco él vea que va avanzando (y tú se lo vas diciendo: “mira, ¿te acuerdas de que no sabías qué era ‘ventana’?, y mira ahora la de cosas que sabes)”, el motivarlos… Sentirse importante y valorado es fundamental, porque -siempre se lo digo- el aprendizaje formal tampoco va a ser el aprendizaje importante de vuestra vida. Les estoy ayudando a que se suban al carro, al PCPI, pero también intento que no se limiten a eso, pues también en la vida van a poder conseguir muchísimas más cosas. Cuando sean mayores igual pueden tener esa posibilidad de retomar los estudios, como muchísima gente hace.

Trabajar con alumnos en riesgo de exclusión educativa implica hacer que se sientan importantes, valorados, no juzgados

-Para subir al carro del aprendizaje también hay que romper los estereotipos que traen, a veces creados desde su misma trayectoria escolar: de sentirse malos alumnos…

Maribel Soriano

Maribel Soriano

Con la PNL trabajo mucho ese tema, porque me vienen algunos alumnos que normalmente tienen, aparte de problemas a nivel emocional, problemas de autoestima. Trabajo mucho la línea del tiempo y les hago irse, teletransportarse como les digo, al pasado, a un momento de su trayectoria escolar (cuando estaban en el cole, en el año que ellos crean) donde realmente se sentían competentes, sacaban buenas notas, sabían hacer cosas, eran reconocidos por su familia, por los profesores, por ellos mismos… Sobre todo les digo “¿qué te decías a ti mismo para en ese momento estar así?“. Entonces, lo que hago es traérselo al presente, incorporar esas emociones, eso que veían, que escuchaban y que sentían, traerlo al presente y luego llevarlo al futuro, para que ellos visualicen que es posible. No te puedes imaginar qué cambio. A partir de ahí se trabajan un montón de cosas. Ya se trabajan objetivos: “Bueno, y ahora, ¿de esto qué haces? Has visto que va a llegar final de curso“. Yo les digo: “visualiza las notas que quieres tener“. Ve sus notas, y ahora, “¿para conseguir eso qué necesitas hacer?” Y ellos van tomando lo que te decía, la responsabilidad. Yo no les digo lo que tienen que hacer, ellos sabrán. Pues a esta tarea tengo que, todos los días, dedicarle dos horas, no sé cuánto, y de esa manera… Además, es espectacular el cambio, a nivel académico, a nivel emocional, o al nivel que sea. Entonces, es muy potente.

-¿Nos hablas de la inteligencia emocional?

Si tú no tienes inteligencia emocional, jamás puedes transmitir esa inteligencia, no puedes. Si tú no te quieres a ti mismo, no puedes querer a otra persona. Si no tienes una autoestima, no puedes decirle al niño que tenga una buena autoestima. Si no tienes una emoción positiva, una curiosidad, lo que quieras, eso no lo puedes transmitir. Pero ni educación, ni en recursos humanos, ni nada. Hay que trabajar la inteligencia emocional. Pero claro, primero tiene que trabajarla el docente, para luego poder transmitirla.

-En el ámbito del aprendizaje, creo que la inteligencia emocional resitúa al educador o al formador en una atmósfera nueva. Deja de ser un elemento ajeno, que contempla a la otra persona desde arriba, para entrar en una relación dialogal en la que es protagonista junto con los alumnos.

Es curioso, porque hay algunas situaciones que yo siempre comento en los cursos: el profe que se enfrenta a la clase con miedo, ese miedo lo refleja. ¿Cómo va? Pegando gritos -“callad“- desde la altura, desde la posición de “yo aquí soy el que mando y tengo el poder”. Eso es miedo. Esa persona, ese docente, tiene inseguridad ante la clase. Está diciéndole a la clase “me vais a comer“. Si tú tienes seguridad, si tú tienes empatía, si eres capaz de ponerte en el lugar de esos alumnos, a su altura (siempre hay orden, ahí está el profesor y ahí está el alumno, no vamos a ser colegas, pero somos personas), si somos personas, eso lo está percibiendo la otra persona. Me acuerdo una vez, me llamó la jefa de estudios, y había un problema con un profesor y el alumnado, y resulta que los alumnos querían que les aprobara, él ya estaba poniendo partes, poniendo historias, un montón de cosas. Empecé a hacer una dinámica de grupo. Cuando terminó la clase cambiaron totalmente la forma de ver a esa persona. Primero era el echar balones fuera: “es que fulanico hace, es que fulanico…“, “¿fulanico está aquí?”, “no“, “¿tú puedes controlar qué es lo que hace, qué es lo que siente, qué es lo que piensa?”, “no“, “entonces, vamos a olvidarnos del profe; vosotros, la clase desde ahora, desde aquí, soluciones; ahora tenemos la responsabilidad nosotros de controlar“. Cuando hay conflicto entre dos alumnos, o entre padres o madres y alumnos, les digo: “¿tú puedes controlar qué es lo que hace, qué es lo que siente, qué es lo que dice esa persona?”, “no“, “pues entonces, desde ti, ¿cómo puedes tú solucionar el tema?“. Es otra perspectiva totalmente distinta y esa seguridad la transmites. Los críos te responden perfectamente y buscan las soluciones, y ven a ese profesor como una persona que igual puede tener miedo, puede tener inseguridad, puede tener sus historias. Vamos a dejarlo a un lado, la situación es ésta. La situación es neutra, depende de cómo tú la planteas, desde dentro de ti, cómo tú la estás viviendo.

-Tienes una trayectoria muy rica, creo que es un tesoro también tu vida. Eso te ha supuesto (los distintos cambios, las distintas etapas profesionales) también formarte. Es lo que ahora llamamos el aprender a aprender. Has tenido que ser un poco autónoma en tu aprendizaje. ¿Cuál es tu entorno personal de aprendizaje? ¿Cuáles serían las fuentes de tu aprendizaje actualmente?

Ahora mismo las fuentes serían la PNL, metafísica (estoy muy metida en el tema de la metafísica, fíjate qué curioso), física cuántica… Yo creo que hay distintas etapas de aprendizaje de la persona. ¿Hablábamos de la pirámide de Maslow? Pues para mí la vida ha supuesto distintas etapas también. Al principio, adquisición de conocimientos. Una vez que adquieres conocimientos, necesitas un desarrollo, un crecimiento personal. Entonces, empiezas a buscar. Las Nuevas Tecnologías, por supuesto, te hacen que consigas muchísima información. Tengo muy en cuenta esa emoción que me da cuando me encuentro con un libro, o con un blog, o cualquier información. La primera vez que hice el Practitioner en PNL, uno de los primeros ejercicios fue utilizar esa línea del tiempo para que buscara una situación de mi vida en que sentía mucha curiosidad por aprender, y traérmela al presente. Eso fue un fin de semana. Yo llegué aquí el lunes y venía con una cosa en la barriga que parecía una niñilla entusiasmada porque me habían dado un caramelo. Eso ahora mismo lo sigo teniendo, esa sensación. Es lo que hace que pueda seleccionar ir por un camino o por otro. Entonces, en la vida, cuando ya tienes determinada edad, a lo mejor el conocimiento, tal cual, no te aporta tanto, y ya te metes en otros derroteros. También, mi filosofía de vida ya no es solamente para aprender yo, sino para poder “qué doy los demás, y qué aprendo de los demás”. En el momento en que tú te estás dando de forma abierta, sin juicios, los demás te están aportando, aparte de la idea de que la persona que está enfrente de mí es mi espejo.

-Has señalado el tema de la actitud. Quizás los sistemas formales de educación hayan cosificado el aprendizaje: “hay que hacer”, “es para”… Personalmente, creo que el aprendizaje es una actitud de vida. Y es algo que habría que incorporar en el curriculum también de la escuela.

Sí, sí, por supuesto. Hay que fomentar la curiosidad en el alumnado. Yo hablo con muchísimos compañeros y compañeras, y se quejan todos de la poca inquietud y curiosidad que tienen los alumnos por los contenidos que se les da. Hay un desfase brutal. Si la inteligencia múltiple se metiera dentro del sistema educativo, el que cada persona pudiera desarrollar su inteligencia, sería la cosa totalmente distinta. Porque cada persona desarrollaría su potencial. No podemos tener alumnos que son maquinitas, que todos tienen que sacar la mejor nota.

Hay que fomentar la curiosidad del alumnado

-A mí me preocupa la estandarización de la educación, que estamos viendo en el horizonte.

Sí, es una pena. Yo apuesto siempre por la individualidad. De hecho, es la persona y ya está, no hay más. En una clase están los alumnos maravillosos, que les prestas mucha atención porque son maravillosos, a los disruptivos les prestas mucha atención porque te dan mucho por saco, y está la zona gris. Esos niños, ¿qué, dónde están? Entiendo que yo soy una privilegiada, tengo ocho alumnos. Puedo darles toda la atención posible. En una clase de 30 es muy complicado. Hay que prestar el elogio periférico, que le llamo yo, en el aula. Empiezas: “muy bien, Mari, muy bien, José” “Y a mí, ¿no me dices muy bien?” “Sí, sí, sí”. Ya han cogido el lápiz. Necesitan el reconocimiento, el sentirse queridos. Eso es importantísimo, más que el que te saquen ocho notas de diez. Y el trabajar los valores y la educación emocional. Algunas veces pongo una cara sonriente, una cara triste y una cara normal. “Cuando terminéis, a ver, ¿qué cara vais a poner?” Y te das cuenta de cómo están en ese momento. Están nerviosos. Aparte, que tú los veas. ¡Y qué historias traen! Niños que un día vienen supermotivados, ¿qué ha pasado en su casa? ¿qué ha pasado en su entorno? Niños que te vienen, que van tirando cosas, que están agresivos, eso hay que tenerlo en cuenta. Si no tienes en cuenta eso, por mal camino vamos.

-En definitiva, el aprendizaje en educación supone trabajar con personas, trabajar para la persona, y lo que tenemos que hacer son ciudadanos y ciudadanas.

Que sean capaces de estar en el mundo. El conocimiento está en Internet, está ahí.

-Y utilizar ese el aprender a aprender, a moverse en este mundo a veces tan cambiante. Y ya, para terminar, tenemos que poner un título. ¿tú cómo encabezarías esto?

Aprender es vivir, como he dicho al principio. Y es necesario educar desde las emociones.

Es necesario apostar en educación por individualizar los aprendizajes, educar desde las potencialidades de cada alumno y alumna

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Publicado en: Entrevista
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor:
2 comentarios sobre “Aprender es vivir: educar desde las emociones
  1. Enhorabuena por el trabajo. Una nueva historia más a sumar en el necesario reconocimiento del trabajo docente…

    • Gracias Rodrigo por tu reconocimiento. Es necesario evidenciar el trabajo que se realiza en las aulas, el buen hacer del profesorado. Sobre todo en contextos de exclusión educativa es necesario reconocer que el trabajo es fructuoso, que cuando ponemos a la persona en el centro del aula algo nuevo sucede: es posible romper los estereotipos de malos alumnos, suscitar experiencias positivas de aprendizaje y abrir un horizonte esperanzador a alumnos y alumnas que el sistema o la sociedad relega a sus periferias. La escuela no está para crear herídas en la identidad de la persona (estas heridas son los estereotipos), sino para sanar y hacer crecer los procesos de aprendizaje.

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