Aprender es superarte

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Andrés Iribarren Marín
Ingeniero
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Soy Andrés Iribarren Marín, tengo 41 años, estudié Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos en Granada, y he estado trabajando en distintas empresas, aunque desde hace siete años trabajo en la empresa de aguas de la comarca, llevando concretamente el tema de prevención y seguridad. Y últimamente, desde hace un año, me encargo de los temas de formación, gestión de los cursos bonificables por la Fundación Tripartita.

-A todo el mundo le pregunto al principio: ¿para ti qué es aprender?

Para mí aprender es conseguir interiorizar y poder aplicar una serie de conocimientos y destrezas, técnicas nuevas que no conoces, que te las enseñan o tienes que averiguarlas por ti mismo, y poder llegar a ponerlas en práctica para mejorar tu entorno.

Aprender es conseguir interiorizar y poder aplicar una serie de conocimientos y destrezas, técnicas nuevas que no conoces, y poder llegar a ponerlas en práctica para mejorar tu entorno

-Si te parece, vamos a tratar de reconstruir tu historia de aprendizaje. El primer ámbito en el que nos desenvolvemos es la familia. ¿Tú qué recuerdas del aprendizaje en tu familia? ¿Qué es lo que a ti te ha aportado?

Andrés Iribarren Marín

Andrés Iribarren Marín

Soy el menor de siete hermanos, y siempre me acuerdo de mi hermano Ignacio, que es tres años mayor. Me gustaba mucho hacer los ejercicios de matemáticas que le ponían a él. Uno de mis recuerdos más tempranos es una serpiente de números con la que había que ir haciendo operaciones, y yo lo veía y me gustaba ponerme con él a hacerlas. Me gustaban mucho las matemáticas. En mi casa ver a mis hermanos estudiando en la mesa grande del comedor era algo natural y habitual. Muchas veces venían a estudiar con amigos, así que no lo asociaba con pasar un mal rato, como algo traumático, sino como algo natural. Y muchas veces divertido: para mí estar haciendo los ejercicios y ver que más o menos me iban saliendo me daba mucha satisfacción.

-Vamos a detenernos en tu etapa del colegio. ¿Qué recuerdos tienes de él?

Yo estudié en la Compañía de María en Granada capital, y mi recuerdo es muy bueno. Empecé a ser consciente de que las cosas empezaban a complicarse cuando pasé de cuarto de EGB a quinto. Le dije a mi madre: “Pero, mamá, que es que voy a tener dos profesores. Si siempre he tenido uno, ¿cómo lo voy a hacer ahora?” Claro, y mi hermano se reía: “¡Anda, pues si nosotros tenemos seis o siete profesores distintos! ¡Eso no es nada!” Y luego, poco a poco, vas teniendo más profesores y vas aprendiendo lo que son las primeras dificultades: el tener que recurrir a la técnica memorística para muchas cosas, que mi madre o un hermano me tomaba la lección para aprenderte las conjugaciones de los verbos… También había muy buen ambiente en el colegio en el sentido de que no noté ninguna presión hacia los que sacábamos buenas notas. Luego en el instituto ya eso fue cambiando. Para mí fue una época muy feliz.

-¿De algún maestro o alguna maestra en especial tienes algún recuerdo?

Pues tengo muy buenos recuerdos de una monja que se llamaba la madre Isase, que nos daba inglés. Con el tiempo me di cuenta de que fue muy buena profesora: aprendíamos canciones, hacíamos teatros en la clase y mucha actividad oral. Que tiene mérito, porque la clase éramos como 40 personas y me acuerdo de haber salido mucho. Creo que eso es fundamental.

-Luego viene la etapa del instituto. ¿Qué crees tú que supuso en tu desarrollo de aprendizaje el paso de un colegio de monjas al instituto?

Estuve en el Colegio Academia Progreso. Era un instituto, pero se llamaba Colegio Academia. Era el típico colegio donde iba la gente que tenía que repetir o con más problemas. Lo que pasa es que yo era de la generación del baby boom, y en los institutos de mi zona no quedaron plazas. Y mis padres no querían que estudiara BUP en un colegio privado religioso. La opción que quedaba era aquí, donde había estudiado alguno de mis hermanos en verano. Entonces das el curso normal, lo que pasa es que la mayoría de los alumnos eran estudiantes que habían tenido problemas en otros colegios. Y eso para mí fue un cambio, porque pasaba de octavo de EGB en que suspendían cinco o seis personas, a primero de BUP, en que aprobábamos cinco o seis personas. También había más problemas de disciplina, a los profesores les costaba a veces tener que dar las clases. Yo no sé si es común por la adolescencia el que el profesorado tenga que imponerse, pero para mí fue un cambio brutal. Y claro, yo me autoexigía. A mí lo que me gustó es que los profesores no bajaron el nivel porque tenían un alto íncide de fracaso escolar. Ellos tenían unos objetivos, y dependiendo de la asignatura, unas veces aprobábamos cinco, otras siete. Me acuerdo de que tuve también ahí mis primeros suspensos y claro, también te afecta.

-En tu proceso, ¿qué supone tener la experiencia del suspenso, del fracaso?

Para mí el fracaso no fue recibir la nota, porque cuando hice el examen de esas partes me decía: “es que no sé cómo se hacen los ejercicios que me ha puesto el profesor“. Entonces claro, me di cuenta de que los ejercicios que había visto en clase sí que los sabía hacer, pero que a poco que me habían cambiado unas cosas, no sabía, con lo cual tenía que estudiar más. Como fue la primera vez que había suspendido, para mí fue un shock, pero tuve la suerte de que tenía hermanos por encima, y también libros, y pude buscar otras formas de entender lo que no había comprendido.

-¿Entonces el suspenso te ayudó un poco a ser autónomo para tener que buscarte la vida?

Sí, y me despabiló y me vino bien, primero, para superar las dificultades. O sea, solía estudiar poco para sacar sobresaliente; esta vez había estudiado como siempre y me había quedado con un dos o un tres. Entonces fue como decir: “oye, que aquí algo falla”.

El primer suspenso me despabiló  y me vino bien, primero para superar las dificultades. Entonces fue como decir: “oye que aquí algo falla”

-Yo creo que es necesario tener experiencias de fracaso porque si no nos instalamos en nuestra forma de hacer las cosas. Todo va bien cuando controlamos el contexto que lo rodea, pero cuando, como dices, nos cambian los ejercicios de clase, ya no me sale. Retomando el hilo, en el instituto ya eres adolescente y ahí tienes también otro tipo de aprendizajes: no es sólo los contenidos de las asignaturas, sino la adolescencia, la relación con la gente…

…el ir haciendo trabajos en equipo: en el colegio haces trabajos, pero son a otro nivel, aquí ya es tener que dividir trabajo con tus compañeros, tener que juntarte para llegar a conclusiones y que eso tenga un poco de coherencia. Y también ir a buscarte la vida, empezar a ir a la biblioteca para sacar información. Me acuerdo también que empecé a contar con compañeros. Por ejemplo, el examen ese que yo suspendí, hubo algún compañero que aprobó; pues decirle: “oye, ¿y esto cómo es?” Entonces tú ves que los compañeros te lo explican de otra forma y empiezas a ir construyendo por vías no sólo ya de tu profesor.

-En medio del instituto también hay que empezar a tomar decisiones de qué vas a hacer de cara a la universidad. ¿Cómo viviste ese momento?

Yo sabía que quería hacer matemáticas, física, porque me gustaban mucho, y también dibujo, pero ya tenía que pensar en qué carrera. Mis hermanos me dejaron una serie de libros que había de monografías: de lo que van las carreras, qué asignaturas tienen, qué salidas… No se me ocurrió el preguntarle a mis profesores a qué me podía dedicar; no sé por qué los tenía en un plano que no los veía como alguien que me podía asesorar. Me apoyé más en lo que me gustaba estudiar, no en lo que se me diera mejor. Entonces decidí estudiar una ingeniería y con eso ya sabía que iba a ir a lo que se llamaba Ciencias Puras.

-No había una relación cercana con el profesorado, ¿no?

No, y yo creo que quizás principalmente por mi parte, porque no me encontraba especialmente cómodo con el típico profesor-colega. Siempre he preferido el profesor a un lado y yo a otro. No llevaba, creo yo, ese tema muy bien del todo.

-Y llega el momento de la universidad. ¿Qué ha supuesto en tu vida?

Una revolución. Yo venía de un instituto donde te explican cómo se hacen los distintos tipos de ejercicios y en el examen tú demuestras que sabes hacer esto. No, en la universidad es otro tema totalmente distinto. Tienes que extender las redes de buscar otras cosas, apuntes de otros compañeros, buscarte la vida. Y la sensación de haber estudiado mucho y creer que dominas la materia y hasta que no ves qué examen te ha puesto, no sabes cómo es. O haber hecho un examen muy bien, pero algunos profesores corregían por porcentaje y querían que sólo aprobaran un tanto por ciento. Entonces, claro, era un mundo totalmente distinto. Me acuerdo de clases enormes. Empezaban las clases a las tres y media y teníamos que estar a las dos y media para conseguir un sitio en cuarta o quinta fila. Los profesores normalmente solían poner transparencias, y a partir de ahí yo no llegaba a leer la letra, o ya casi no se oía. Los primeros años de carrera fueron complicados.

-A la universidad siempre se le achaca mucho que no prepara para el mundo laboral. O sea, que a veces la enseñanza es un poco alejada de lo que luego te vas a encontrar profesionalmente. ¿Tú cómo ves ese tema?

Yo no lo veo tanto, sobre todo las asignaturas de cuarto o quinto las vi muy cercanas a lo que es. Incluso muchos profesores, para hacer sus clases más amenas, metían muchas anécdotas de lo que es la vida real, de compañeros que habían terminado la carrera y con los que mantenían relación. Por parte de los profesores, sobre todo en el último ciclo, que es cuando son las materias más específicas, le vi mucha conexión con el mundo real. Y muchos de ellos nos trataban ya como futuros colegas, sabían que dentro de dos años íbamos a estar trabajando en empresas próximas a lo suyo, porque muchos tenían su propia empresa, pero echaban horas en la universidad. Quizás con el tiempo he visto que debería haberse dado más importancia a unas asignaturas que otras. En el plan de estudios que estudié, del 90 al 96, el primer año que se instauró el sistema de créditos, no nos enterábamos mucho de lo que eso era. Y se terminó pervirtiendo el sistema, porque muchos compañeros se matriculaban en asignaturas optativas de otras carreras como Matemáticas de Magisterio o Dibujo al Natural, que sabían que las iban a aprobar muy fácil e iban a conseguir quitarse esos créditos. Ahí opté por la versión práctica: decidí quitar asignaturas cuanto antes, con lo cual sacrifiqué (ahora lo veo con la distancia) el enriquecerme personalmente, aprender temas nuevos que me podían venir mejor. Con el tiempo he visto que es un error. Otras asignaturas me hubieran sido más útiles para mí en el futuro, como Legislación. No comprendo, por ejemplo, que en ese plan de estudios el inglés no fuese obligatorio.

-¿Tuviste que hacer prácticas?

La asignatura de Prácticas era optativa, lo que tampoco comprendo. Como yo hice la selección que digo, no la cogí, que para mi primer trabajo hubiera sido más provechosa.

-¿Y el Proyecto Final de Carrera? ¿Qué experiencia de aprendizaje es eso?

Pues tuve la suerte de que, como cuando llegué a quinto, había muchísima avalancha de estudiantes que teníamos que hacer el Proyecto Fin de Carrera y había pocos tutores, se abrió la opción de que se pudiera hacer por parejas. Entonces lo hice con una amiga mía, y para mí eso fue fantástico: el poder tener a otra persona con la que trabajar en equipo y poder elaborarlo me vino luego muy bien en el futuro cuando empecé a trabajar en empresas de proyectos, en las cuales los proyectos no lo haces tú solo, sino que estás en un equipo. En las entrevistas con el tutor nos fue muy bien, porque nos corrigió mucho, aprendí mucho y yo creo que marcó el que en mi futuro me haya decantado más por trabajar en empresas de proyectos y en el área de oficina técnica, que no en obra.

-Y llega el final de la universidad y el paso al mundo laboral. ¿Cómo viviste ese momento?

Andrés Iribarren Marín

Andrés Iribarren Marín

Ya conoces compañeros que han ido un poquito más rápido, y hay que enfrentarse al mundo laboral. Empiezas a preguntar: “¿Cómo se hace? ¿qué es lo que haces?”, “Pues mira, lo primero que tienes que hacer es un curriculum”, “Ay, ¿cómo se hace un curriculum?”, “Te basas en un modelo y empiezas a sustituir cosas”, “¿Y qué haces?”, “Pues mira, hay listados de empresas donde tú mandas tu curriculum, una carta de presentación y demás”. Empiezas y terminas mandando 50, 100, 150 cartas, pero no tienes respuesta. Van pasando los meses, y dices: “Oye, ¿y cómo empieza uno a trabajar?”, “Pues mira, intenta hacer cursos para poner tu curriculum más atractivo, mira las ofertas de empleo del colegio”, pero había muchos ingenieros en paro para tan poca oferta. Y al final llegan los meses en los que empieza a agobiarse uno y dices: “Hombre, si yo he hecho una carrera de las que se supone que son muy difíciles pero que tienen muchas salidas, ¿qué sucede aquí que están pasando los meses y que no…” Te llaman para hacer entrevistas, vas a procesos de selección, pero no terminan de escogerte a ti. Hasta que de repente, en una de esas entrevistas pues sí que te cogen y ya empiezas a trabajar.

-Ve narrando tu vida laboral.

Mi primer trabajo fue haciendo una obra en Fuengirola, una urbanización. Era un contrato de seis meses y me vino muy grande. La obra nunca me ha gustado mucho. Era salir de mi casa, el tener que empezar a vivir yo solo; lo pasé mal porque, aunque empecé a trabajar siendo mayor (26 años) era muy crío. No estaba preparado para la vida laboral y sufrí mucho. Cuando terminaron los seis meses daba opción de seguir y preferí irme al paro. A los dos meses encontré otro trabajo en lo que yo quería, en despacho de proyectos. Y me di cuenta de que todo lo mal que lo había pasado en la obra me había aportado mucho para poder hacer mejor los proyectos, porque había aprendido de las técnicas de obra y de los errores que había en el proyecto que luego, a la hora de ejecutar, no se debía de hacer como se dice en el proyecto. Entonces, fue luego muy beneficioso.

-¿Tú crees entonces que para tener una buena experiencia de aprendizaje hay que tener experiencias duras y tener también errores?

Es muy necesario tener errores. El tema es cómo intentar asimilar y no interpretarlo como un fracaso, sino como algo necesario. Porque al principio, no es así, te sientes muy mal.

Los errores hay que intentar asimilarlos y no interpretarlos como un fracaso, sino como algo necesario

-Optas por el trabajo en proyectos. Yo creo que el aprendizaje en proyectos es un aprendizaje, tanto profesional como vital, bastante importante. Primero, porque el proyecto implica un equipo, también una sistematización, marcar unos objetivos. ¿Qué elementos crees tú a nivel de aprendizaje profesional que lleva consigo trabajar en un proyecto?

Pues, por ejemplo, lo que has comentado de trabajar en equipo, para mí es fundamental. He aprendido que si estás a la cabeza de un equipo, no importa tanto la parte de trabajo que te has reservado, como que el resto de compañeros hagan su trabajo. Todos los días me preocupaba de que los delineantes y administrativos que estaban en mi equipo, que era reducido, siempre tuvieran tajo. Y si alguno de ellos tenía una duda, yo mismo paraba de hacer lo mío para que él pudiera seguir avanzando. Y hacía pruebas sistemáticas para asegurarme de que ellos iban haciendo bien la tarea y no tirarle luego todo el trabajo por tierra. Y hacer reuniones para encauzar y que todos vayamos a un mismo objetivo, y comprendan qué queremos hacer, cómo, qué plazos hay, dónde es importante hacer un trabajo detallado y dónde no se deben de invertir mucho tiempo. La gestión del equipo humano siempre me ha gustado.

-Normalmente, la dirección técnica, si va acompañada de un liderazgo de cara al equipo, es muy positivo. ¿Cuáles crees que deben ser las competencias que debe tener un líder para que la gestión del proyecto no sea meramente técnica, sino una experiencia que enriquezca profesionalmente al equipo?

Para mí un líder debe ser comunicativo. En equipos donde yo no he sido el jefe, si éste no era accesible, se resentía en el proyecto. Había semanas de trabajo tirado como consecuencia. También, el ser capaz de involucrar y motivar a la gente. Todos estamos trabajando, pero puede haber quien no comprenda que otra parte del equipo espera sus resultados, y que de su diligencia depende que no se queden parados. Un líder debe ser capaz de motivar e involucrar sin recurrir ni a amenazas ni contraprestaciones. Me gustó mucho, cuando teníamos que hacer entregas, que la gente que iba terminando su parte en los últimos días decían: “bueno, ¿yo ahora qué hago?” Terminamos todos encuadernando, y era una sensación muy buena de trabajo en equipo.

El lider debe ser comunicativo y con capacidad de involucrar a la gente

-Después de ese trabajo de proyectos, ¿por dónde sigues?

Voy a otra empresa de proyectos, luego voy a otra empresa de proyectos. Cada vez voy aprendiendo proyectos más difíciles y más complicados, equipos más grandes, capital humano cada vez más grande. Y ya es cuando empiezo a ver que lo que es mi vida personal se está viendo afectada por el ritmo de horarios, desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche. Mi pareja aprobó también unas oposiciones, e intento cambiar mi perfil profesional hacia algún tipo de administración donde pueda conciliar mi vida laboral y familiar. Y lo consigo a los meses. Renunciando a mejores condiciones económicas, me voy a trabajar a una empresa pública en la que estoy actualmente.

-Dentro de la empresa en la que estás actualmente también te toca gestionar formación. Creo que un aspecto importante, una vez que terminamos nuestra titulación, es el tema de mantenernos actualizados. ¿Cómo has realizado esa formación permanente, cómo has hecho que los conocimientos que te ofreció la universidad no se te quedaran obsoletos?

Andrés Iribarren Marín

Andrés Iribarren Marín

Siempre he buscado principalmente cursos o por el colegio de ingenieros o, desde que supe que estaban los cursos de la Formación Tripartita, de temas relacionados con mi sector. Por ejemplo, han cambiado las leyes de tema medioambiental o urbanístico desde que yo terminé la carrera, y estos cursos me sirvieron para actualizarme. También, por cursos de los sindicatos y algunos del colegio de ingenieros.
Por otro lado, desde el último año, llevo la gestión de la formación de mis compañeros. Las directrices de la empresa, desde la Comisión de Formación, son distribuir los fondos que anualmente da la Formación Tripartita para hacer cursos y ofertar a la plantilla. Eso es lo que se llama la formación a demanda, según el real decreto. Tenemos unos objetivos muy ambiciosos, porque queremos crear el perfil del puesto de trabajo, ver qué necesidades formativas necesita el trabajador para poder completarlo. Eso hemos tenido que compaginarlo con los fondos que tenemos para gastar este año. Entonces, al final hemos estado escogiendo distintas empresas que pudieran hacer cursos y se les ha ofertado a los trabajadores. Sólo 25 de una plantilla de 99 trabajadores ha solicitado curso, así que se les ha podido dar a todos. Tenemos ahí una gran dispersión en el interés de los trabajadores respecto a la formación.

-Ése es un tema que te iba a preguntar: tú ya que ves la formación también desde la gestión, ¿crees que el trabajador contempla la formación como un valor o siente esa necesidad de formarse?

Pues hay algunos que sí. Desgraciadamente, cuanto menor es el nivel de capacitación, menos formación se pide. Algunos compañeros tienen sólo la formación obligatoria que requerían en su época, que es la EGB. Les hemos dicho: “¿no te interesa que te ayudemos para entrar en escuela de adultos, sacarte la ESO, ampliar?” Y no, hay muchas reticencias. No sé si es miedo al fracaso. Algunos tienen 40 o 50 años, creen que se les ha pasado la época de estudiar. Cuando no es cierto, porque tenemos compañeros que han pedido cursos de idiomas o de ofimática y tienen esa edad o más.

-Sí, así es: a menor cualificación, menor demanda de formación. Los últimos resultados del informe de la Fundación Tripartita, del año 2012, muestra eso. Es un problema, sobre todo en el contexto actual, donde gran parte de esa gente no cualificada, están desempleados, no se van a formar y no se van a poder recualificar. Entre otras cosas, porque no tienen las competencias básicas para seguir formándose.

En un BOJA de final de julio sacó la Junta la oportunidad de, con los certificados de profesionalidad, de reconocer la experiencia de una serie de oficios. En nuestra empresa afectaba a dos oficios. Hay nueve o diez trabajadores que se pueden acoger. Con la ayuda de mis compañeros del comité de empresa, sindicalistas y representantes de los trabajadores, elaboramos un correo electrónico, los llamamos por teléfono uno a uno y se lo comentamos cuando nos lo encontrábamos. Les dejamos las solicitudes rellenas, y sólo tres han echado la solicitud. Aparte, una cosa muy curiosa es que son de los tres más mayores.

Totalmente, estás diciendo con palabras la respuesta de ellos. La gente joven decía: “¿para qué me sirve?” Entonces, es una desidia; y sin embargo, las otras personas, que están más cerca del fin de su vida laboral, que realmente puede que les afecte menos, lo ven positivamente.

-Sobre todo, porque lo importante es que te dan una titulación que reconoce la experiencia que tienes. Y segundo, la posibilidad de pasar a los ciclos formativos para seguir formándote. Volvemos a ti: dentro de tu proceso de aprendizaje, en estos últimos años, los idiomas han tenido un papel importante. Cuéntanos un poco.

Siempre me ha gustado mucho el inglés, desde bachillerato, pero lo tomaba más bien como hobby: canciones, películas en versión original… Y casi de casualidad, hablando con un compañero de trabajo, me dijo: “yo estoy haciendo lo del That’s English porque quiero intentar meterme en la Escuela Oficial de Idiomas“. Entonces fue cuando conocí la escuela, esa forma de enseñanza, la certificación por niveles, y la verdad es que me atrajo mucho. Tuve suerte de poder entrar, porque un tema que me da mucha rabia es que haya tantas personas que quieran acceder a la Escuela Oficial de Idiomas y listas de espera enormes. El que haya mucha gente demandando una formación y que no se le pueda dar me disgusta. Porque aparte, creo que la formación que imparten es de mucha calidad, y muy barata. Estuve allí, terminé quinto, con lo cual me dieron el nivel B2, pero luego yo quise continuar estudiando. Me apunté a una academia, con un sistema de enseñanza distinto, pero también de calidad.

-¿Por qué crees que es importante estudiar idiomas?

Andrés Iribarren Marín

Andrés Iribarren Marín

Pues porque estamos en un mundo global en el cual el dominar un idioma distinto del tuyo te da un valor añadido profesionalmente. No sólo por el idioma en sí, sino que dice mucho de tu personalidad: habla de tu forma de abrirte al exterior y no estancarte. Y en un mundo global, el inglés y el francés son claves.

-En este mundo global, en que la información es tan importante (se le llega a llamar la Sociedad del Conocimiento), nuestras vidas han cambiado mucho debido a Internet. ¿A ti qué te aporta para tu aprendizaje?

Muchísimo. Cuando me he enfrentado a algún tema que no conocía, he ido a Internet y gracias a foros o páginas de autores que han tratado el tema, he podido aprender cosas. Para mí es una fuente inmensa de aprendizaje: aparte de su inmediatez y su globalidad, es muy práctica. Con unos buenos buscadores puedes encontrar páginas, y algunas es que te mantienen totalmente actualizado.

-Hay otro aspecto que me gustaría trabajar contigo de Internet. En el contexto actual, los grupos de presión de comunicación hacen que en algún momento casi vivamos en una realidad paralela, por esa tendencia ideológica que llevan las noticias. Internet, por medio de redes sociales, en cierto modo está suponiendo una experiencia nueva de la democracia: hacer oír la voz, mostrar el descontento del ciudadano… ¿Cómo ves tú esa experiencia nueva?

Pues coincido totalmente contigo. En las redes sociales, donde tenemos los conocidos, tengo un amigo que es de Convergència i Unió, político profesional que cuelga noticias desde su punto de vista; otros amigos republicanos lo hacen desde el suyo… Entonces, uno puede formar su punto de vista no sólo consultando las ediciones digitales de periódicos de distinta línea editorial, de izquierda o derecha, sino incluso, a través de los amigos, si tienen puntos de vista variado, conocer distintas formas de interpretar la información. Una amiga también es muy pro-israelí, y siempre intenta dar otro enfoque cuando salen noticias que interpreta que son a favor de los palestinos. Todo esto a mí me gusta, porque te abre otros puntos de vista. Lo bueno es que haya diversidad y uno no se cierre a escuchar una única voz.

Las redes sociales te abren otro punto de vista. Lo bueno es que haya diversidad y uno no se cierre a escuchar una única voz

-Ya por último, ¿qué título le podrías a esta entrevista?

¿Un resumen de lo que es para mí el aprendizaje? Aprender es ayudarte a superarte a ti mismo.

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Publicado en: Entrevista
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor: José Antonio Casares González

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