Aprender es no dejar de crecer nunca

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Ana Carolina Pérez López
Hostelería
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Me llamo Ana Carolina Pérez López, tengo 28 años y he nacido en Venezuela. Después de terminar el instituto empecé a estudiar óptica, por mis padres, pero al final me la dejé. No terminé la carrera porque realmente no me gustaba, y ya sucedió que nos iniciamos aquí a España definitivamente a vivir, y una vez que llegué no quise continuar con la carrera y empecé a trabajar. Primero estuve haciendo trabajos de hostelería, pero muy poco tiempo. Estuve también en una óptica, pero no era lo mío, y empecé a trabajar en una empresa decorando interiores. Tampoco era lo mío, pero allí estuve muchos años. Al final me lo dejé y ya llevo un par de años dedicándome al sector de la hostelería, algo que me gusta bastante porque hablo con la gente. Aparte de eso soy una aficionada al deporte. Me gusta mucho practicar deporte, sobre todo por circunstancias personales: el hecho de que me ha ayudado a perder peso ha hecho que me haga adicta a ello. Yo normalmente no paso más de una semana sin ir a entrenar al gimnasio. Y cuando tengo más tiempo libre realizo actividades de montaña, escalada, barranquismo y kitesurf. Ahora estoy intentando aprender snow pues, en general, el deporte me gusta bastante. Es una cosa a la que me gusta dedicarle tiempo.

-¿Para ti qué es aprender?

Para mí aprender es no dejar de crecer nunca. Siempre estamos enriqueciéndonos a lo largo de nuestra vida y todo lo que nos rodea nos enseña. Siempre pienso que no te acuestas jamás sin haber aprendido algo nuevo, por pequeño que sea. A veces no nos damos cuenta, pero todo lo que nos rodea nos enseña algo, tanto lecciones positivas como negativas.

Para mí aprender es no dejar de crecer nunca

-Si miramos hacia atrás en nuestra vida, hemos tenido distintos ámbitos de aprendizaje. Si revisaras un poco tu vida, ¿cuáles han sido los ámbitos más importantes en los que tú has aprendido cosas?

Principalmente el instituto. En el instituto tuve que aprender a desenvolverme sola. Por los profesores, por los compañeros de clase, no encajaba bien en el entorno y tuve que aprender a defenderme. Eso ha sido una cosa que me ha ayudado durante el resto de mi vida muchísimo, porque llevo ya unos años viviendo sola. Soy una persona que procuro pedir favores lo mínimo posible. Y es una cosa que aprendí en el instituto: intentar siempre buscarme la vida por mí misma y no depender de nadie. Y el instituto creo que fue una época que me marcó por eso, porque esperaba muchas cosas positivas de esa época y al final no obtuve tantas, pero sí es verdad que aprendí. A hacer y a luchar por las cosas que quería y no dejarme llevar por los demás. Es más, por eso luego me dejé la carrera de óptica y decidí no seguir estudiando, porque era algo que a mí no me gustaba. Y siempre, cuando hago algo, me planteo “dentro de cuarenta años, ¿voy a querer seguir haciendo esto?”. Y es una pregunta que me hago cada vez que algo me gusta mucho o que me molesta mucho, y me hace a mí misma. Me hago a la idea de saber si seré capaz de soportar o no esa situación durante tanto tiempo. Normalmente la respuesta es “dentro de cuarenta años no quiero estar haciendo esto”, y busco la manera de coger otro camino.

-¿Además del instituto?

Cuando llegamos aquí a España el segundo trabajo que tuve fue en un cibercafé y también por  poco tiempo. Fueron seis meses en los que empecé a relacionarme mucho con la gente de aquí. Ten en cuenta que, en Venezuela, tanto el estilo de vida como la forma de ser es completamente diferente a la de aquí. En general, yo considero que encajo más aquí: la gente allí es más cariñosa, es más melosa, y yo soy bastante más seca. Aunque aquí me consideran muy simpática y muy cariñosa, para ellos, allí, con su nivel de amor, yo era arisca. Cuando estuve trabajando decorando interiores, aunque no fue la mejor época de mi vida porque estuvo plagada de muchos problemas en todos los ámbitos, aprendí también mucho. Fue un trabajo en el que lamentablemente no estaba a gusto por el entorno. Yo pienso que las situaciones difíciles nos hacen aprender más todavía, porque te fuerzan a aprender. Es una cosa de “tienes que salir o sí o sí” y esas situaciones te obligan a encontrar la salida.

-Son como aprendizajes vitales.

Sí, la vida es el mejor maestro, desde luego.

-Señalas que la vida, el trabajo, también son una escuela. Desde tu experiencia laboral, ¿cuáles han sido los principales aprendizajes que has tenido?

Ana Carolina Pérez López

Ana Carolina Pérez López

Es muy importante la actitud que tengamos siempre hacia la vida. Laboralmente lo aprendí dándome cuenta de que mi actitud hacia los clientes era determinante al obtener el resultado final. Además, siempre he pensado que mi sonrisa me ha abierto muchísimas puertas. El intentar estar siempre de buen humor de cara a los clientes es  positivo y la verdad es que jamás me he ido de ningún trabajo malamente. Cada vez que he dejado un trabajo, siempre me han guardado mucho cariño y si he necesitado cualquier favor me lo han hecho. Pero principalmente he aprendido eso: que la actitud que demostramos ante la vida, tanto ante los problemas como ante las cosas buenas, es fundamental, es el 90% del resultado. Ahora trabajo en hostelería, aquí es algo fundamental. Tú nunca vas a un sitio a tomarte algo si quien te está atendiendo te tiene un careto. Es algo que hago en el trabajo. Y en el día a día, aunque soy una persona con un carácter bastante fuerte, aunque no lo parezca, me he dado cuenta de que se consiguen más cosas sonriendo y por las buenas que yendo de guerrera. He aprendido en el trabajo por eso.

Antes cuando trabajaba diseñando interiores sucedía lo mismo, una baza fundamental para mí era mi carácter con los clientes, y era lo primero que tenían en cuenta cuando decidían elegirme a mí entre otras compañeras. Luego, cuando empecé a trabajar en el sector de la hostelería me ha pasado igual. Una cosa que siempre, tanto clientes como jefes, han alabado de mí es mi carácter, incluso al resolver problemas. Es más, es una frase que me tatué hace tiempo porque considero que es importante no olvidar: que es nuestra actitud lo que nos da el éxito o el fracaso. Incluso cuando tienes algún problema, el afrontarlo de forma positiva hace que sea menos dañino. Una vez leí un libro que hablaba del principio del 90/10, que decía que el 90% de las cosas que nos pasan son producto de nuestra actitud y sólo el 10% que queda son cosas que no podemos controlar. Y es una cosa que yo te puedo garantizar que es real.

Nuestra actitud es lo que nos da el éxito o el fracaso

-Hasta hace poco tiempo la experiencia no se valoraba tanto como un lugar de aprendizaje. Ahora en España se están llevando procesos de acreditación de la experiencia profesional. ¿Tú crees que la experiencia laboral te forma también a ti como profesional?

Totalmente. Cuenta mucho la gente que te rodee en tu entorno de trabajo. Yo he tenido la suerte de que en los sitios donde he trabajado siempre he encontrado compañeros que han estado muy dispuestos a ayudarme a aprender. Por ejemplo, cuando empecé a trabajar en la hostelería, en el hotel, no tenía ni idea. Yo había estado trabajando de camarera un par de veces antes, seis meses, hacía diez años. Y realmente, el contar con esa ayuda me hizo posible progresar rápidamente. El lugar de trabajo es un sitio estupendo para obtener experiencia. Incluso puedes aprender oficios nuevos, pero es fundamental que la gente que te rodea esté dispuesta a enseñarte. Por ejemplo, en mi actual trabajo, Paco es fundamental porque es una persona que siempre me está echando una mano. Con él tengo una relación de retroalimentación: él aprende de mí y yo de él. Considero que tengo muchas más cosas que aprender de él. En el hotel acabé siendo jefa de sala y no tengo formación como hostelera, formación como tal en algún centro académico. Todo me lo enseñaron mis compañeros y luego, por lógica, esos procesos yo los intenté mejorar.

Ana Carolina Pérez LópezHace poco había aquí unas chicas tomando café, y una de ellas era muy joven. Contaba que le ofrecieron un trabajo que no le gustaba mucho por la remuneración, pero decía “la verdad es que como experiencia me vendría muy bien” y luego apostillaba “bueno, como ya tendré tiempo de coger experiencia, ahora me voy a donde me paguen mejor”. Y me dieron ganas de decirle “ahora que eres joven, aprovecha, obtén experiencia, y cuando tengas unos añitos más, dedícate a ganar dinero, pero ahora intenta…”. La experiencia es fundamental, y sobre todo cuando eres joven. Yo pienso que tendría que haber pensado como pienso ahora hace diez años y hubiese aprovechado mejor mi vida.

-Has indicado antes cómo el aprendizaje es una retroalimentación entre las personas, pero también depende mucho de la actitud.

Sí, tú tienes que tener una actitud dispuesta a aprender y a dejarte que te enseñen. Es verdad que muchas veces me he topado con gente a la que, al intentar ayudarles en el trabajo, han considerado que yo, por tener menos experiencia, no tenía por qué darles un consejo. La actitud es fundamental: si tú no estás abierto a obtener conocimiento o aceptar lo que los demás te dicen de manera positiva, por más que intenten enseñarte, ahí no hay nada que hacer. La actitud es algo fundamental en nuestra vida en todos los aspectos: en el trabajo, en la familia, en la amistad…  Si es negativa todo lo que salga de ahí va a ser negativo. Sin embargo, si es positiva, incluso de las cosas negativas podíamos sacar el punto positivo y el aprendizaje necesario.

Siempre tienes que tener una actitud dispuesta a aprender y a dejarte que te enseñen

-También eres madre, te toca aprender y enseñar. ¿Cómo tratas de transmitirle a tu hijo que en la vida hay que aprender?

Laboratorio

Laboratorio

De niña lo que más recuerdo de mi infancia era como que nuestra libertad era muy reducida. Mi madre tenía la casa siempre muy decorada, y teníamos que jugar a cosas puntuales, y a mí esto me frustraba enormemente. He pensado que a lo mejor no fue que no estudiara cuanto necesitaba (siempre me llamó la atención la medicina), sino que falló el estímulo adecuado. Y ahora con mi niño siempre intento no repetir las cosas que más me marcaban o más me molestaban de mi infancia. Por ejemplo, dejo que su imaginación fluya libremente. Dentro de unos límites puede hacer lo que quiera, como pintar en las paredes. Ahora le llama la atención la química. Con sólo seis años, la química y la física le apasionan. Tiene un pequeño laboratorio casero, en él reúne cosas que va encontrando por casa y va buscando a ver cómo reaccionan. Siempre lo dejo que su imaginación vuele. En cuanto al cole, es un problema como con todos los niños, sobre todo a esta edad, que lo que quieren es jugar. Siempre intento inculcarle que es importante y necesario aprender para poder llegar a hacer algo en la vida. Ya no a ser alguien, sino a hacer algo.

-¿Quizás el problema que existe en el colegio es que el aprendizaje que se les proporciona no tiene en cuenta su creatividad?

Sí, totalmente, estoy de acuerdo. Hace poco estuvimos comiendo con un amigo que es profesor y me di cuenta de cómo él enfocaba la enseñanza. A mi niño le cuesta muchísimo restar y él, que es profesor de matemáticas, empezó a plantearle las restas como un juego: “estoy jugando a explicarte cómo se resta”. Y me asombró bastante ver que se desenvolvía muy bien restando, cuando haciendo los deberes acabamos los dos llorando porque no hay forma de que entienda que cuatro menos dos son dos. Él se lo pintó de forma tal que al final acabaron con la comida jugando (restando), y es una cosa que yo nunca había conseguido. A lo mejor, uno de los problemas que tiene, ya no solamente el colegio, sino el instituto, es que hay una pauta de enseñanza que se marcó hace muchísimos años y que no ha evolucionado. No se adapta a al cambio de la sociedad. Veo a los chicos del instituto y no tienen nada que ver con los de mi época: tienen otras inquietudes, otras necesidades. La enseñanza tendría que adaptarse a eso, y sin embargo no lo hace. Sigue siendo lo mismo, con contenidos nuevos, pero el mismo método que hace quince años, cuando realmente la sociedad no es la misma. Y pienso que también eso tiene la culpa de los altos porcentajes de fracaso escolar que hay hoy en día, y de la tasa de incultura tan grande entre los jóvenes. Creo que es un problema generalizado el que a los alumnos no se les motive suficientemente.

Ahora que tengo casi 30 años, pienso que en su momento tenía que haberme encabezonado en no estudiar óptica y haber dicho que yo estudiaba medicina o sí o sí. Ahora  no me voy a poner a estudiar medicina, porque ya tengo otras responsabilidades que no me permiten dejar de trabajar y ponerme a estudiar. Pero sí es verdad que considero que es un problema la falta de estímulos correctos a la hora de estudiar. A lo mejor se aplica un poco más el que le gusta y tiene un estímulo correcto en casa, pero la realidad es que hoy en día los padres trabajan muchísimo y apenas tienen tiempo en casa para dedicarle a los niños ese momento.

-Estamos todavía en una enseñanza muy vinculada a otro modelo de sociedad. Estamos en la sociedad del conocimiento. ¿Te ayuda a ti Internet a aprender?

Debo confesar que no soy muy adicta a Internet porque a mí me gusta leer papel: una revista, un periódico… Incluso hay una revista, Muy Interesante, que siempre trae artículos de ciencia curiosos, y estoy suscrita a ella por Internet y, aun así, yo todos los meses la compro en el kiosco. A lo mejor leo artículos que ya he leído en Internet, me gusta mucho leer en papel. Ahora, sí es verdad que Internet me parece, sobre todo Internet en el móvil, una herramienta fundamental. Lo razono todo, a lo mejor estoy hablando contigo de algo que no entiendo y conforme salgas por la puerta pongo el Google.

-¿Crees que está cambiando el aprendizaje?

Totalmente, y creo que para la enseñanza en general es muy positivo porque hay muchísima gente que podría leerse un libro sentado frente a una pantalla y no leerse 500 páginas sentados en un sofá. También es una cuestión de costumbres, pero considero que Internet es una herramienta bastante positiva para aprender porque tienes a tu alcance muchísima información. Hoy por hoy, con Internet se puede hacer cualquier cosa.

-Para terminar, ¿una frase sobre el aprendizaje?

Mi frase favorita:  “no te rindas, tu actitud te hace grande“.

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Publicado en: Entrevista
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor:

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