El aprendizaje como capacidad de reacción

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Alejandro Cannizzo
Asesor inmobiliario y formador
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En primera instancia, soy argentino, Alejandro Marío Cannizzo, descendiente de españoles e italianos (la mezcla que hay en Argentina), 38 años. Vivo aquí en España ya hace trece años, he elegido que sea el país adoptivo que en cierta forma ha acogido a mis hijos. Buscando la calidad de vida, he caído aquí, en Vera. Una mezcla entre el clima, la buena gente, la comida, la vida sana y demás, me ha hecho crear raíces. Lo que respecta a mi formación profesional, tengo un grado en Comercio Exterior. No lo he aplicado en sí, hoy por hoy, me dedico a todo lo que es el sector inmobiliario. Tengo empresas en Vera y en Madrid, consultoras inmobiliarias, nos dedicamos al estudio del mercado en el sector inmobiliario, la compra-venta aquí en la zona. Y desarrollando esto  en un momento bastante difícil que tiene este país. Trato un poco de tomar esta crisis, que para mí es oportunidades, y buscar una base más férrea para lo que viene en un futuro. Ver un progreso más sólido y con una proyección no tan inmediata, sino a largo plazo, pues al final las cosas, en el mercado en que yo me muevo, tiene que perdurar más el tiempo antes de tratar de comernos todo de una vez y no prepararnos para una cosecha futura.

-¿Para ti qué es aprender?

Para mí aprender… En primer lugar soy una persona que tengo un afán de aprendizaje muy grande; primero por el dicho de que el aprender no ocupa espacio, me parece fabuloso que se vea desde ese punto de vista. Entiendo el concepto basado en mi vida porque me ha tocado, desde muy joven, buscar o hacerme camino. Y soy una persona que tengo el concepto de aprendizaje basado en la experiencia de los demás, aplicándola a mí y tratar de mejorarla. Dentro de lo que es formación -porque me ha tocado ser formador-, es muy importante el aprendizaje; trato de aplicarlo pensando que la persona a la que se dirige mi aprendizaje lo haga mejor que yo. Eso en lo que respecta a mi trabajo. En este caso soy padre, de una mujer de 19 años y de un adolescente de 15 años. Aprender para mí es como dar un paso firme hacia adelante, estar seguro de que haces tu espacio, de que conoces el medio, de que quieres progresar, de que te interesa vivir, de que quieres prestarte socialmente, quieres que tu prójimo tenga una base más sólida, poner tu granito de arena… Creo que es prácticamente el sentido que le damos a esta vida.

Aprender implica partir de la experiencia de los demás, aplicartela y tratar de mejorarla

-Muy interesante tu reflexión. Has dicho que desde pequeño has tenido ese afán de aprender. A mí, una de las cosas que me gusta, con las personas que entrevisto, es hacer memoria de su historia de aprendizaje, remontándonos a la infancia, a la escuela, la formación, el ámbito de la familia… ¿Qué te ha ido aportando como aprendizaje cada uno de esos momentos?

Alejandro Cannizzo

Alejandro Cannizzo

Para mí es muy importante algo que a veces lo he visto con mi hijo: si le hago recordar la maestra de Primaria, recuerda su nombre, pero nada más, las vivencias no. Y yo recuerdo a mi maestra de primer grado, no solamente enseñándome, sino dándome a entender que tengo que comer la merienda, haciéndome partícipe en algún acto en el colegio, darle sentido a por qué me ha elegido a mí para que vaya y busque la tiza a la dirección, explicarme por qué me pone en penitencia… Creo que son pequeñas cosas, que luego se van magnificando, que en mi hijo, por ejemplo, no las veo. La palabra “obligación”, con un transfondo sin sentido, es lo que hoy por hoy se vive. Antes la obligación prácticamente era un compromiso, no era obligación. Es el compromiso de llevar las tareas, el compromiso de ir bien vestido, de llevar el guardapolvo limpio, de llegar a horario al colegio, de ponerse en pie cuando el profesor o la maestra entraba al aula… Y hoy, esas pequeñas cosas creo que son muy complicadas de encontrar.

Entonces, si hacemos un remember en cosas que añoro, digo en mi corta edad, porque tengo 38 años, la vida me ha puesto en el lugar de padre desde muy joven, me ha hecho añorar mucho esas cosas, viendo a mis hijos día a día. Cuando ves cómo se levantan y van al colegio, uno intenta inculcar ciertas conductas. Y yo veo que mi hijo, por ejemplo, hace el esfuerzo por entenderlo, pero es que socialmente tiene otra cara y otro contexto. Entonces, constantemente me está llevando a recordar y al mismo tiempo me hace sentir como desfasado. Y digo: “tengo 38 años, que con mi hijo prácticamente tenemos una cercanía“, y me hace añorar muy mucho eso, porque es como que quisiera que el colegio el día de mañana a mi hijo lo marque como a mí me ha marcado, y pueda transmitir esto a sus hijos.

Te comentaba que extraño esas vivencias, y me gustaría que en un futuro todas esas pequeñas cositas se mantengan vivas: ir a un centro de aprendizaje a tener vivencias que en cierta forma puedas proyectar o desarrollar o el día de mañana  y comentarlas. Hoy por hoy esos pequeños valores creo que los hemos perdido, es una cuestión que me preocupa mucho, y creo que no somos conscientes. Es una pérdida. Es complicado a veces comentar una emoción, porque sientes que tal vez la persona que está al lado tuyo no lo va a sentir igual, y transmitir eso que he hablado de mis hijos es complicado. Es como contar un cuento, pero para poder transmitir esa emoción tienes que utilizar ciertas palabras, o momentos, o darle una dedicación especial.

-Y avanzando un poco más, ya lo que es la Educación Secundaria, los estudios de comercio exterior, ¿qué han supuesto para ti?

La Educación Secundaria he tenido la oportunidad de hacerlo en distintos colegios, tanto católicos como escuela pública. Ha sido en mi caso una etapa de varios años, un momento bastante interesante. Empecé en un colegio público. Por la cuestión de mis padres he estado viajando en distintas provincias dentro de mi país y me tocó terminar en colegios con una orientación católica, en los cuales la orientación cambia rotundamente. He podido, una vez terminado, darle sentido a muchas cosas. Otras, sinceramente, las veo todavía arcaicas, las veo que nos hemos quedado en el tiempo. En el colegio donde estaba iba para seminarista; al final perdí totalmente la orientación: no es la vocación, entendí que no es lo que quería. Entendí que ese sometimiento a una manera de pensar me llevaba a sentirme en un frasco que alguien me ponía la tapa cuando quería, cuando la libre expresión creo que es un derecho fundamental. La puedes tener en un colegio público, pero tienes la contracara de que a veces estás influenciado con un sistema que puede tener una capción por parte de quienes lo dirigen. Lo bueno que tiene es que hay mucha gente en el medio que quieren en cierta forma poner su granito de arena. Es lo que me ha llamado mucho la atención, y al final me ha servido de mucha guía.

Con respecto a los estudios, es una elección que tomé en su momento. A mi juicio no fue acertada, al final no lo terminé, porque no es realmente lo que me gustaba. Luego por una cuestión de proyecto de vida me tocó ser padre joven. He tenido que ponerme a trabajar desde muy joven, aplicar un sentido común a base de experiencias de allegados míos, y bueno, aquí estoy buscando nuevos horizontes. Elegí España, que creo que es un país que tiene mucho futuro en ese aspecto.

Para mí la experiencia ha sido mi carrera: he sido una persona de golpearme, de rozar el asfalto, hacer calle, y he tenido la oportunidad de rodearme de gente que ha tenido ese toque

-Has hablado de lo que es el aprendizaje de la experiencia. Creo que uno de los grandes avances de estos últimos años ha sido redescubrir nuestra experiencia personal y laboral como un lugar de aprendizaje. ¿Qué te ha supuesto a ti el contacto con los demás y tu experiencia profesional como lugar de aprendizaje?

Sinceramente, te lo resumo: para mí la experiencia ha sido mi carrera. He tenido la suerte de dar con mucha gente en mi vida con mucha práctica. Lamentablemente ha supuesto para ellos muchos golpes en la vida. Yo he sido una persona de golpearme, de rozar el asfalto, hacer calle, y he tenido la oportunidad de rodearme de mucha gente que ha tenido ese toque, y para mí ha sido la carrera. Me ha hecho ser una persona bastante observadora, sacando un común denominador. En muchos aspectos he perdido oportunidades por detenerme mucho a observar, tal vez porque el riesgo que asumo como padre, como cabeza de familia, conlleva muchas cosas: si yo me equivoco, se equivocan tres personas más. Entonces, desde ese punto de vista, para ser observador he tenido que aplicar un tiempo que muchas veces ha hecho que se me haya pasado el tren. En otros aspectos, pues me ha enseñado a que tengo que pisar muy firme en mis decisiones. Avanzado el tiempo, estoy muy satisfecho porque he podido hacer y deshacer, mientras que mucha gente a mi edad está empezando. Entonces, digamos en resumen que rodearme con gente con experiencia, prácticamente ha sido mi carrera.

-Creo que, junto a lo que acabas de decir, el aprendizaje implica también una actitud de vida. Muchas veces cosificamos los aprendizajes, decimos “hemos aprendido esto, o esto otro”, y lo reducimos a momentos puntuales, pero tú has hablado desde una perspectiva más amplia, es casi como una actitud de vida.

Totalmente, es una actitud de vida. En muchos aspectos los argentinos lo tenemos un poco en la sangre, utilizamos mucho la psicología inversa: o sea, ¿de qué te sirve ponerte mal?, realmente lo que tienes es que darle la vuelta y aprovechar una actitud positiva. Creo que nada te paga el hecho de que un día estés con una actitud negativa. Entonces toma lo que te ha pasado, la experiencia negativa, como un aprendizaje, y que no te vuelva a pasar. Dentro de lo que es mi entorno, a nivel personal y social, es una forma de vida. Me considero una persona súper positiva, y mientras más presión tenga o más duro sea el entorno en el que esté, más positivo estoy. Considero que es una especie de boomerang: uno tiene que emitir para que le lleguen las cosas de esa manera. A mí me ha abierto muchos caminos el ser así, y me ha costado mucho aprender de mucha gente que me ha rodeado, pero el consecuente me sigue diciendo que tengo que ser de esa manera. Y creo que en la situación en la que vivimos  en este país, el cómo se interpretan ciertas noticias genera la actitud de quedarnos con los brazos cruzados y paralizarnos ante lo que hay. Realmente hay que hacer, y la manera de hacer es ser positivo y saber que mañana hay que levantarse y que tienes que tener una actitud cien por cien positiva para sacar todo hacia adelante. Entonces, en mi caso es una forma de vida.

Aprender implica una actitud positiva, constituye una forma de vida

-El aprendizaje también implica equivocarse. A veces le tenemos miedo a la equivocación, y eso nos frena. ¿Crees que esa actitud positiva te hace que aprendas de tus errores?

Alejandro Cannizzo

Alejandro Cannizzo

Es que el equivocarse creo que vendría a ser un consecuente del día a día. Pero si no reaccionas ante ello y aceptas una equivocación de una manera positiva, a aquél que se equivoca no le sirve para nada.  Creo que al final cualquier persona se mide por su capacidad de reacción, para lo bueno y para lo malo, ante cualquier situación. El equivocarse es propio del ser humano, y de eso aprendemos. Me acuerdo de un profesor que decía: “yo soy buen profesor, pero ¿sabes cuándo me doy cuenta de que soy buen profesor? No porque tu padre o tu madre vengan y me lo digan, sino que me voy a dar cuenta de que soy buen profesor cuando tú seas mejor que yo, y eso conlleva que yo me equivoque siendo profesor“. Pues en la tarea de profesor que me toca, en mi familia, o mi entorno, o mi trabajo, es exactamente lo mismo. Hay que aceptar las equivocaciones como lo que nos toca en esta vida, como parte de la humanidad, pero saber reaccionar ante ellas. Si las asimilamos, no hacemos nada, es un retroceso.

-Has hablado de tu dimensión de formador en el trabajo. Una de las experiencias más bonitas que puede tener una persona es ser formador, transmitir, facilitar que otros aprendan… ¿Tú cómo concibes tu labor de formador?

Es muy sencillo, la actitud de formador ha sido prácticamente un camino a emprender para tratar de enseñar lo que yo he aprendido en experiencia. O sea, no soy el típico formador que ha aprendido a través de libros; transmito la formación muy agradecido de lo que me ha tocado vivir. Me interesa transmitir lo que yo he aprendido en la calle, en el contacto, en mi campo. El poder transmitir eso a la persona que estás formando es una oportunidad que me brinda y lo que me hace sentir cien por cien seguro de lo que estoy haciendo: en este caso en formar a gente desde el punto de vista comercial. Me gusta transmitir la esencia de las cosas. Es como todo, si hubiera una ecuación que aplicada me diera igual a una venta, un alquiler, una negociación, pues no existirían los formadores. Creo que la ecuación es en cierta forma una aspiración que todos los formadores quieren, pero aun así no tenemos el resultado. Lo importante es que tratemos de transmitir la esencia, el sentimiento. Me acuerdo de un formador que decía: “esto es tan sencillo como aquella persona que nunca recibió afecto, el sentido de querer, de amar a alguien puede ser bastante malo“. Tú puedes querer a una persona pero primero tienes que quererte, y la manera en que lo digas requiere mucho sentimiento. Yo puedo decirle a mi mujer “oye, cariño, hoy te quiero” en un tono neutro, pero si tú te levantas por la mañana, le dices “oye, cariño, que hoy te quiero“, apasionado… hay un transfondo distinto. De esa manera trato de transmitir la información, con sentimiento.

Formar implica transmitir con sentimiento, con pasión

-Para ser buen formación hay que poner emoción, ¿verdad?

Totalmente. Esto no es por fascículos, es por una cuestión de esencia, de sentimiento. Para todo hay que ponerle eso. Y más cuando soy un agradecido de hacer lo que me gusta.

-Creo que a veces uno de los problemas que ha tenido la educación y la formación en el mundo del trabajo es que la dimensión de los sentimientos ha estado desterrada de ella. La formación se centra mucho en contenidos abstractos, pero no habla de las emociones. ¿Crees que habría que hacer algo más para integrar toda esa emoción?

Hoy el formador se categoriza como ponerle a un nombre a un producto. Los formadores antiguamente, y no creo que soy una persona de elevada edad, se basaban más en experiencias. Por ejemplo Cocacola, para abrir mercado en cualquier país, implica captar la esencia del consumidor y adaptar el producto a él. La Cocacola que se vende aquí en España es distinta a la que está en América. La fórmula tiene la misma base pero el resultado es distinto. Eso se hace a base de experiencia. Si lo trasladamos al ámbito de la formación, si a una persona se le capacita en dos días para vender, si no se le inculca la esencia, la formación puede tener un resultado muy ambiguo, con una percepción bastante dispersa. Considero que el formador tiene que captar la esencia de su ser formador.

-El ser formador también implica creatividad.

La creatividad tiene que estar al pie del cañón siempre, tiene que ser parte de esa capacidad de reacción que te decía. El formador tiene que adaptarse al entorno y tener una psicología prácticamente inmediata del entorno en que te muevas, de quién tengas enfrente, de la situación o el medio al que te enfrentes. Tiene que estudiar el entorno, y adaptar en conceptos básicos.

-Y yo lo uno a lo que decías antes: para hacer eso también tienes que estar seguro. El formador inseguro es el que va con su historia preparada…

Es que es prácticamente el momento en el que se le tiene que dar el título al formador: cuando esté seguro.

-Luego también los entornos de formación han cambiado bastante con las nuevas tecnologías, incluso nuestra forma de aprender. Estamos en la Sociedad del Conocimiento, eso implica una sociedad del aprendizaje. ¿Qué han supuesto las Nuevas Tecnologías para tu aprendizaje, y como formador?

Para mí han supuesto simplemente que me agilizan lo que quiero como objetivo. Las tecnologías, si no tienes una base, no sirven. Te pongo un ejemplo: hace poco una marca conocida de productos naturales capta a un amigo mío para vender productos adaptados a todo el tema fitness. En una semana de capacitación, esta persona, que viene del sector de la hostelería, estaba preparado, según esta marca, para poder exponer en una charla a modo grupal y explicar por qué su producto es apto para el consumo desde el punto de vista fitness, qué pros y contras puede tener y demás. Cuando estamos tocando estética, salud, un abanico de temas para los que una semana, una persona que viene de otro sector, y ni siquiera siendo médico o teniendo estudios sobre nutrición o conocimientos sobre enfermedades que pueda tener una persona entrada en peso, es capaz de captar a través de esa marca que puede vender tal producto porque puede tener ciertos resultados. Me parece alarmante. Creo que el aspecto de formación conlleva un tiempo, tener claro, estar seguro de lo que se está haciendo, y una formación más depurada. Hoy por hoy se aplica con un planteamiento bastante mediático, jugando con la necesidad de la gente, soluciones divinas, resultados a costa de lo que sea. Lo podemos plantear en muchos aspectos, y sobre todo en el de la educación: no existen fórmulas, existe el estudio. Cada persona tiene su chip, entonces no hay ningún programa informático que lo puedas adaptar al 100%, que es captar la necesidad e ir haciendo un trabajo. La informática puede ayudarte a eso, pero al fin y al cabo todo se trata de esencia.

Los alumnos, sus necesidades, sus intereses determinan mis objetivos formativos. Procuro que la formación salga de su boca

– ¿Qué te aportan los alumnos como formador?

Mi punto de vista no está simplemente en enseñar lo que yo quiero, sino sacar como deducción mi objetivo de los intereses de los alumnos. Es decir, hacer ciertos plantemientos que te vayan llevando a tomar una determinación sobre lo que van a ser los objetivos. Procuro que la formación salga de la boca de él, no mía.

-Haces que el alumno sea protagonista.

Exactamente. El protagonista es él, porque es el quien tiene que salir mejor que yo. Y me sorprende lo que aprendo, porque a veces el resultado supera lo que yo quiero que interprete, porque su capacidad de reacción es distinta y se ha reciclado, quizás, más rápido que yo. Y el aprendizaje, es algo que no tiene límites, que no tiene fin. Hay gente que le pone cierta emoción, o actitud, o conocimientos, o ciertos entornos, o incluso maneras de ser. En este caso, lo que nos permite España es tratar, en una mezcla de culturas, de exponer su manera de ser: la manera de vender de un latinoamericano, por ejemplo, es distinta a la de un alemán, pero la unión que se ha hecho entre uno y otro saca otro tipo de personalidad. Las percepciones y las conclusiones son distintas; pues eso dentro de una charla de formación, alucinas.

-O sea, procuras que (vamos a llamarlo así) el aula sea también una experiencia creativa, para ti y para el alumno.

Que sea una experiencia creativa y que, sobre todo, que no tenga fin; a que entiendan que podemos sacar en conclusión esto, pero en determinado tiempo tiende a cambiar, y lo importante es que entiendas que va a cambiar. La persona tiende a tener un curso, una formación, y estancarse, entender que lo va a aplicar toda su vida. Eso no es así, es necesario que eso lo vaya reciclando, y le ponga parte de su sentido común, que le guste, lo perfeccione y encima lo transmita. Es más o menos la charla que tenemos hoy por hoy tú y yo: sacamos muchas conclusiones, tú has acentuado en mí muchas cosas que yo intentaré perfeccionar, inclusive después de esto seguiré pensando. La formación para mí es un debate…

La formación es un debate, posee una dimensión dialogal que supera los objetivos que tienes como formador

-Yo no entiendo, desde mi experiencia también como docente y formador, un acto formativo que no sea dialógico. En el aula, cuando tanto alumno como profesor van en clave de aprendizaje, ambos son maestros y alumnos, se rompen los roles. Cada vez siento más respeto a utilizar la palabra maestro y alumno, porque el acto de aprendizaje es un acto creativo en el que todos somos protagonistas. Tan nefasto es el profesor que va a no aprender nada como el alumno que acude a que le den la charla, sin aportar.

Hay algo dentro de un grupo de formación que yo le doy más sentido a veces que a la palabra, que es la expresión física, el lenguaje no verbal. Nuestro cuerpo habla mucho, y tal vez más, y nos delata: la mirada, postura, tragar saliva… Es una manera de ser perceptivo, y ya eso es algo que a mí me enseña mucho, me hace ponerme en cuestión quién es el que se está formando.

Alejandro Cannizzo

Alejandro Cannizzo

-Creo que hay miedo a veces al hablar del aprendizaje, porque rompe nuestros roles, y nuestras falsas seguridades también. El mejor profesor, o el que más conoce, no es el que está seguro en el sentido de que no acepta nada de fuera. Y el mejor alumno no es el que va con una tabla rasa. Si queremos que esa acción formativa genere algo nuevo, tenemos que tener en cuenta su experiencia, que es valiosa. Entiendo un poco las relaciones de aprendizaje así.

Totalmente. Yo más que de profesor hablaría de guías.

-A mí me gusta utilizar “facilitador de aprendizaje”.

O facilitador, sería una palabra idónea; inclusive con un respeto más sublime, entre una simbiosis entre el que aprende y el que necesita aprender, con un transfondo más de otorgar, de poder compartir, ampliar sentidos o diálogos en común o maneras de pensar. Creo que la palabra es fundamental, y es discutible totalmente quién es el formador y quién va a formarse.

-Has tocado también un tema que creo que es interesante: Internet en este momento nos ofrece un montón de información. A veces la gente busca en Internet la solución a sus problemas, pero ante tal conjunto de información tenemos que ser muy críticos, porque se nos pone todo casi al mismo nivel. ¿Crees que una de las cosas que debería de hacer más la educación o la formación sería crear ese concepto crítico para saber discernir?

Yo veo Internet como antiguamente el kiosko de revistas: uno entra y empieza a mirar y dice “bueno, aquí tengo cultura general, las revistas mediáticas, el diario, deportes…“, y muchas veces nos entra por el color, la foto de la portada, el tamaño. Pues Internet es más o menos lo mismo: aparecen un flash, abres ahí, tú estás en tu despacho, tienes una ventana al mundo, pero muchas veces no tenemos claro cuál es su objetivo, qué es lo que buscamos. Cuando se creó este sistema, nos dijo “hola, aquí tiene un ordenador, una ventana abierta al mucho“, pero no se nos dijo con qué objetivo. En realidad no tendría que ser eso, sino nosotros pararnos a pensar qué es lo que queremos de esto, por qué tengo ese Internet en el despacho, qué necesito de esto. Y lo que es peor todavía, el consecuente de ello (lo veo siempre del punto de vista como padre), las Nuevas Tecnologías nos llevan a que mi hijo tenga un móvil y acceso a Internet, y él lleva esa ventana consigo. Más que nada, siendo una persona en que su raciocinio es distinto, mi obligación es explicarle para qué es. Hoy por hoy bajan o descargan cualquier juego perfectamente y cuando no entienden el significado de una palabra, por ejemplo, no se les da la luz para poner simplemente en el Google la palabra y encontrarlo.

Internet es una ventana abierta al mundo

-Entonces volvemos al motivo de la página: es necesario que hablemos de aprendizaje. Antes compartías conmigo, tú que eres padre y formador, la inquietud de que no se habla de aprendizaje. ¿Por qué crees que hablamos tan poco de él?

Creo primero que el ser humano, por la etapa en la que vivimos, en muchos aspectos nos creemos todos Superman, creemos que lo sabemos todo. Somos muchas veces reacios a aceptar que nos podemos equivocar y que podemos mejorar lo que nos toque vivir. El hecho de creernos Superman y que lo sabemos todo nos hace pasar por alto de que todo necesita un proceso de aprendizaje.

-Ya por último, ¿qué título le pondrías a la entrevista cuando la publiquemos?
Yo creo que sería “el aprendizaje como capacidad de reacción“.

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Publicado en: Entrevista, Voces
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor: José Antonio Casares González

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