Caminando de lo analógico a lo digital

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Raul Guerrero Sánchez
Editor
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Soy Raúl Guerrero, tengo 37 años y trabajo como editor. Soy licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, y posteriormente cursé un máster de edición en la Universidad de Salamanca. Desde hace doce años me dedico a la edición: edición universitaria, edición literaria y, en los últimos años, edición de libros de texto.

-¿Qué es para ti aprender?

Raul Guerrero Sánchez

Raul Guerrero Sánchez

Cuando me lo preguntasteis por Twitter dije que para mí aprender es seguir poniéndome de puntillas para poder ver un poco más. Aprender es eso, ¿no? Es interesante la reflexión sobre el aprendizaje. Cuando hicisteis la pregunta creí que tendría una respuesta fácil, pero no es así; uno parte de la base de que el aprendizaje es algo que te acompaña, que lo llevas a tu lado, algo a lo que no se renuncia, puesto que es una necesidad. Lo veo como algo inherente a mi personalidad: no me veo sin aprender, entiendo que vivir es aprender, y que no puedes decir “pues ahora ya” o “lo he aprendido todo” o “no necesito aprender nada más”, sino que continuamente vas sacando algo, ya no sólo de lo que entendemos por aprendizaje desde una perspectiva más clásica, que es adquirir conocimientos; evidentemente el aprendizaje va muchísimo más allá de eso. Aprendizaje es ir desarrollando herramientas intelectuales que te permiten desenvolverte, conocer y conocerte… con lo cual en realidad el aprendizaje abarca todas las dimensiones de tu vida.

Aprender a aprender es poner siempre en duda tus procedimientos, tu forma de enfrentarte al mundo y a la realidad

-Has hablado de una dimensión clave del aprendizaje, el aprender a aprender. ¿Para ti qué implica esta competencia básica?

Aprender a aprender es poner siempre en duda tus procedimientos, tu forma de enfrentarte al mundo y a la realidad, no creer que la herramienta que te valió hace diez años te pueda seguir valiendo. Es un poco poner en cuestionamiento tu forma de enfrentarte a la realidad. Uno es consciente de ello sobre todo cuando te vas dando cuenta de cómo ciertas herramientas se te han quedado obsoletas, ya no te valen, y tienes que buscar nuevas vías que te van a llevar a enfrentarte a esos conocimientos, a esos procedimientos que tenías, pero de diferentes formas. Aprender a aprender es ser consciente de que no se ha aprendido prácticamente nada, de que todo está por aprender, de que lo que vale hoy puede no valer mañana. Y sobre todo es esa educación permanente, un principio esencial; creo que a estas alturas cualquier persona es consciente de que va más allá de una enseñanza reglada. En el ámbito profesional, laboral (distingo entre ámbito profesional y laboral porque muchas veces no van de la mano), uno puede ir adquiriendo nuevos conocimientos, nuevas competencias, nuevos procedimientos a la hora de enfrentarte a los nuevos retos. También es verdad que en el ámbito profesional, por lo menos en el mío, en el ámbito de la edición, en los últimos años todo está cambiando. Está habiendo un cambio de paradigma, lo que se está llamando una disrupción, en el sentido de que lo que valía hasta hace unos años ya no vale: hemos pasado de una edición en papel, con unos procedimientos con cinco siglos de antigüedad bastante asumidos, que se daban por hecho que eran los únicos válidos, y en el momento en que ha entrado lo digital ha cambiado todo. Como profesional, eso conlleva tener que replantearte todas tus metodologías de aprendizaje. Por eso ahora sí que es fundamental aprender a aprender, hemos tenido que reaprender nuestra profesión, nuestros métodos, y estamos en ello, porque todavía no se sabe (aunque se atisba) hacia dónde vamos. En el caso de un profesional con 20 años de bagaje, la experiencia adquirida sí le vale (trabajar en equipo, desarrollar un proyecto desde un original hasta una obra acabada…), pero desde el punto de vista digital, estamos al mismo nivel que la gente que está empezando. Ahora mismo estamos en un continuo proceso de ensayo-error.

-Has contemplado el aprender a aprender desde la dimensión del aprendizaje permanente. Pero a esto hay que añadir otra idea: aprender implica una actitud, porque hay gente que aun viendo que un modelo no le es útil siguen empeñados en permanecer en él. Bauman, cuando nos habla de la sociedad líquida, precisamente habla de esa disrupción que lleva consigo el aprender, y que supone un cambio de actitud, una dirrupción, no en el sentido de una ruptura, sino en el de una renovación. ¿Tú crees que existen grupos a los que le cuesta subirse a ese carro del aprendizaje permanente, porque siguen anclados en formas tradicionales de aprendizaje?

Raul Guerrero Sánchez

Raul Guerrero Sánchez

Lo que crea es muchos problemas, porque es cierto que no todo el mundo se adapta a los cambios. Hablo de mi ámbito –el editorial– y de la edición de libros de texto, a la que podríamos llamar educativa o pedagógica. En un momento de disrupción está claro que va a haber un porcentaje de profesionales, a los que podíamos llamar los integrados, recordando un poco lo que decía Umberto Eco: normalmente los apocalípticos eran los que miraban más hacia el futuro con mucho miedo, pensando que todo iba hacia el desastre, mientras los integrados eran los que asumían el statu quo actual. Yo aquí le pego la vuelta: entiendo que los integrados son aquellas personas que están viendo que se está dando una disrupción, que los métodos tradicionales en muchos aspectos ya no van a valer, que hay que asumir unos nuevos procedimientos, unas nuevas actitudes ante la tarea de la edición; y luego están los apocalípticos, que ven que esta disrupción que viene, que todos estos cambios no nos llevan a ninguna parte, que se han anclado en el papel, que dicen que todo lo demás es absurdo, que el que se salga del papel va al caos. No hay que olvidar que esto es una industria, un negocio, y los nuevos modelos tardan en dar beneficios. Lógicamente, en los periodos de disrupción hay que hacer una inversión muy fuerte, pero vas a tardar en ‘monetizar’, esa palabra tan horrenda. Hay que hacer inversiones muy fuertes, empezando por nuevas tecnologías, formación… En cualquier ámbito en el que haya unos cambios tiene que haber un proceso de formación de los profesionales que se dedican a ello; no puedes esperar que una persona que lleva 20 años corrigiendo pruebas en papel para mandarlas a la imprenta, a los dos días sea capaz de entender las complejidades del ebook y la nueva cadena de valor dentro del libro.

En la edición educativa nos encontramos los recursos digitales, las plataformas Moodle, los EVA, etc., todo eso supone un cambio que o bien puedes desdeñar, no darle importancia, seguir con tu abecé profesional, o decir “bueno, está cambiando todo, tengo que ponerme al día, tengo que aprender y sobre todo“, como decías antes, “tengo que cambiar la actitud“. Lo podríamos decir de esta forma: existe una actitud analógica y una actitud digital. Con esto no creo que haya que caer en dicotomías de “lo analógico es lo antiguo, lo malo, lo digital es lo bueno, lo novedoso, lo único, lo que va a quedar“. Sería absurdo, por ejemplo, renunciar a la experiencia profesional. Más que nada es cambiar de actitud aprovechando todo el bagaje que se tiene de antes, las herramientas que se han ido asimilando. Cambia el medio, pero el fondo no cambia tanto. En realidad, un editor sigue siendo una persona que coge un original y lo adecua para que llegue a los lectores. Es como la cadena de comunicación de toda la vida: un emisor, un receptor y un mensaje. Es verdad que el medio influye a la hora de transmitir ese mensaje, pero suele ser un esquema muy simple: hay que ir donde está el lector, hay que ir donde esté el receptor último.

El reto fundamental de este mundo digital es conseguir que el alumnado adquiera un papel más activo en su propia formación

-Continuamente se habla de que en la Sociedad del Conocimiento las nuevas tecnologías han influido en nuestro modo de aprender. En ese sentido, el receptor tiene otras características, aprende de otra forma: los niños antes no aprendían de la misma forma que lo hacen ahora. ¿Qué impronta crees que le ha conferido esa actitud digital al aprendizaje?

Es compleja esa cuestión, te respondo por partes. Hay un término que me asusta un poco, que es el de nativo digital. El típico ejemplo de “hay que ver qué listo es mi niño, que con seis años es capaz de arreglarme el ordenador, ha cogido la tablet y en dos días la maneja mejor que nadie en casa…“. A los miembros de las nuevas generaciones capaces de desenvolverse en las nuevas tecnologías hemos dado en llamarlos nativos digitales. Creo que hay que tener un poco de cuidado: ya hay estudios que aseguran que más allá de manejar intuitivamente una tablet o aprender rápidamente la dinámica de un juego (ahora que está tan de moda la gamificación aplicada a la educación), muchos de estos nativos no son capaces de hacer una búsqueda de información con una serie de criterios que les puedan aportar nuevos conocimientos.

Retomando la pregunta inicial que me has hecho, mi generación es una generación de libros de texto, una generación de papel, nuestra información en el centro escolar provenía de los apuntes del profesor, del libro de texto y la clase magistral, en la cual el alumno era totalmente pasivo; lo más que hacíamos era tomar apuntes y responder a las preguntas que se nos hacían, era una mera transmisión de puro conocimiento, muy memorística. Por lo pronto, la fundamental diferencia que veo ahora mismo es la irrupción de las nuevas tecnologías, y fundamentalmente de Internet. A mi vida llegó Internet cuando estaba finalizando mi carrera universitaria, y sin embargo hoy día parece que es imposible imaginar unos estudios universitarios sin las fuentes de información que te da Internet. En cuanto al aprendizaje, el reto fundamental de este ámbito digital es conseguir, por un lado, que el alumnado adquiera un papel más activo en su propia formación.

Nunca hasta hoy se ha tenido una facilidad tal de acceso a la información. Que no es igual a obtener conocimiento: hay que saber desenvolverse con esa información, ser selectivo con ella. Internet es una herramienta por la que habría dado un brazo en mi época de estudiante. Si en el libro de texto o en la diapositiva del profesor de Historia del Arte no estaba ese cuadro, tú tenías muy difícil acceder a ese cuadro. Si en clase de música te hablaban de una sinfonía y en la fonoteca del colegio o en la biblioteca no estaba esa sinfonía, tú no podías escucharla. Había una limitación fortísima en el acceso a las fuentes, a los conocimientos básicos. Imagina una persona de una generación anterior a la nuestra que a los quince años hubiera escuchado un verso y que perfectamente podía morirse sin saber de quién era, porque no tenía cómo encontrarlo, más allá de preguntar a su círculo de allegados o intentar investigar en una biblioteca, pero eso es como encontrar una aguja en un pajar inmenso. Ahora te basta con Google. Obviamente, ante esa facilidad de las nuevas tecnologías, el aprendizaje ha de ser mucho más activo por parte del alumnado. Y también cambia mucho la labor del docente. Ese docente en lo alto de la tarima tiene que bajar de ella, y tiene que conocer perfectamente las nuevas tecnologías, ser capaz de ayudar a esos, entre comillas, nativos digitales a saber desenvolverse en ese mar de información. Porque si no, podemos caer en la infoxicación. Más allá de la Wikipedia, hay que construir un conocimiento (el conocimiento ya no se adquiere, hay que construirlo), construir los puentes o los caminos hacia ese conocimiento, y que ese conocimiento se vaya ampliando, ayudar a desarrollar esa competencia digital. Esa me parece una labor fundamental del profesorado, y no del profesorado de tecnología, evidentemente, sino de cualquier docente y en cualquier área y nivel. Ahora mismo vemos en Primaria, incluso en Educación Infantil, el uso de la pizarra digital. Es maravilloso las posibilidades que da. Ahora, no me vale que la única diferencia de la pizarra digital sea que se sustituya la tiza por un lápiz óptico. Toda la potencialidad de las nuevas tecnologías se queda en nada sin una labor del docente y una implicación mayor del alumnado a la hora de aprovechar toda esa potencialidad.

Es necesario cultivar nuevas competencias para conseguir que el alumno desarrolle sus propias herramientas de aprendizaje

-Este nuevo contexto reclama para la  escuela que se trabaje, y creo que la importante reflexión sobre las competencias básicas también incidió sobre eso, otras competencias distintas de las que se desarrollaban en otros momentos históricos.

Sin dejar las competencias básicas ‘tradicionales’ (lingüística, lecto-escritura, matemáticas, cívico-social, aprender a aprender…) es probable que haya que desarrollar nuevas competencias, para que las tradicionales no se conviertan en una especie de corsé anquilosado que se nos agote y no sirvan para conseguir que cada alumno sea capaz de desarrollar sus propias herramientas de aprendizaje. ¿Si es necesario nuevas competencias básicas? Probablemente sí. ¿Cuáles? Pues no lo tengo claro.

-¿Y el libro de texto? Me gusta llamarlo herramienta del proceso de enseñanza-aprendizaje; me da mucha rabia cuando parece que este proceso tiene que girar en torno a un libro, porque pierden su identidad ambos, tanto el proceso de enseñanza-aprendizaje como el libro ¿Qué papel juega, ya no el libro de texto en papel, sino los recursos educativos?

En la actualidad un recurso educativo puede jugar el mismo papel que un libro de texto, según el uso que se le dé. Las mismas editoriales de texto educativo en papel están empezando a hacer libros digitales. Algunos son meros PDF enriquecidos con algunos recursos, otros son libros en HTML. Luego se están desarrollando también recursos digitales que van más allá de la mera concepción, todavía muy tradicional, del libro. ¿Qué diferencia hay entre un libro en una pizarra digital y en papel? Es una máquina de diapositivas. Hay mucho más y se está trabajando en ello. Ahora mismo, por ejemplo, la iniciativa más reciente es Aula Planeta, que ha sido una apuesta muy fuerte de un grupo editorial muy grande que no estaba hasta ahora dentro del mercado editorial educativo y que han entrado porque ven que ahí hay una posibilidad de negocio.

Raul Guerrero Sánchez

Raul Guerrero Sánchez

Hoy en día el libro de texto está sufriendo muchos ataques. Un libro de texto cerrado y metido en un cajón no sirve absolutamente para nada, no es ni siquiera una herramienta de enseñanza-aprendizaje. No es nada. Por sí solo, el libro de texto no va a servir para nada, pero no va a servir para nada ahora y no servía para nada hace cuatro décadas. Como herramienta, el libro de texto, y ya podemos hablar tanto en papel como en digital, lo veo como un posible camino o una posible hoja de ruta, tan válida como otras, a la hora de desarrollar lo que puede ser una clase. Por sí solo el libro de texto no va a dar la clase. Te lo planteo de otra forma: tan malo me parece el profesor que hace 20 años se basaba solo en el libro de texto como el profesor que ahora lo apueste todo a los recursos digitales, porque si ese docente no adapta la propuesta de libro de texto o el recurso digital a sus alumnos… La mejor adaptación curricular que se puede hacer de un libro de texto es la experiencia y la implicación del docente. El libro de texto, los recursos digitales, las plataformas Moodle, las pizarras digitales… son todas herramientas válidas, pero también me parece otra herramientas bastante válida la vocación del docente.

El libro de texto, los recursos digitales, las plataformas Moodle, las pizarras digitales… son todas herramientas válidas, pero también me parece otra herramienta bastante válida la vocación del docente

-Actualmente el tema de la atención a la diversidad es clave para la educación. ¿Cómo conjugar este principio con la rigidez del libro de texto?

Es fundamental, y por ejemplo, frente a un material impreso, que por ley sólo se puede modificar cada cuatro años, que va dirigido a una audiencia muy variada (no puedes elaborar para una misma materia 16 libros de texto diferentes), es cierto que las propuestas didácticas que acompañan al libro del alumno, lo que tradicionalmente se ha llamado el libro del profesor, presentan posibilidades de diversificación curricular. Pero está claro que quien tiene que realizar eso es el docente, y me da igual que sea un libro de texto, que sea un banco de recursos digitales, un libro digital… Tú puedes dar el mejor libro de texto, el mejor banco de recursos, la mejor plataforma, pero sin el docente, que es el que de verdad conoce la realidad de su alumnado, sus diferencias en el aprendizaje, sus particularidades, sus condiciones familiares, personales, sociales… pues eso, si el docente no hace su labor, va a ser muy difícil. Es cierto que siempre será mejor un buen libro de texto que uno malo, aunque suene a perogrullada. En ese aspecto, como editor de materiales didácticos, prefiero que mis autores sean profesores de instituto. El mejor libro de Secundaria será el elaborado por gente que trabaja en Secundaria, porque conocen la realidad, saben los tempos en los que se trabajan, hacen recursos para su aula… Es verdad que ahora mismo hay muchas editoriales que han hecho inversiones fuertes en material digital, en elaboración de libros digitales, pero en un paseo por Internet fácilmente vas a encontrar profesores que llevan años elaborando sus propios recursos digitales y que los ofrecen libremente a la comunidad educativa. Hay muchas redes, no sólo INTEC, la del Ministerio; también a nivel autonómico hay bastantes iniciativas para agrupar todos esos materiales elaborados por docentes. Se tiende a crear repositorios abiertos, que son fundamentales. Y eso está ahí.

-Has dicho que tener información no significa generar conocimiento, que es otro aspecto importante de la irrupción de la red en la vida de las personas. Otro día hablaba con una periodista, que decía que estamos en un mundo donde hay una gran censura, quizás con otro rostro, movida por los grupos de poder, que controlan los medios de comunicación. Esto ha hecho que muchos periodistas tengan un blog para dar su visión personal. ¿Crees que la red ha contribuido a democratizar la generación y difusión de conocimiento?

Se ha democratizado el acceso al conocimiento, y la posibilidad de expresarte a través de la red. Sí hay un proceso de democratización del acceso a la información, e incluso generación de conocimiento. El problema es saber discernir. Ahora mismo cualquier persona puede encontrar cualquier información en Internet. Hasta ahora ha habido una autoridad a la cual tú acudías cuando necesitabas información, llámese biblioteca, libro de texto en el ámbito educativo, manuales de referencia, enciclopedias… Ahora mismo, conseguir información en Internet es muy fácil. Construir el conocimiento no es tan fácil: no me basta un blog en el que se me diga algo. Hay que generar y fomentar, crear y ser muy insistente en la necesidad de un espíritu crítico a la hora de discernir el trigo de la paja. Ahora mismo te metes en cualquier red social como Facebook o Twitter y ves que una persona puede poner un dato, sin fuente, simplemente decir una frase, atribuir a un autor una frase como “el mundo es como una piedra que está continuamente cayendo“, y a partir de ahí todo el mundo va a atribuir esa frase al autor. Hace unos años hubo una especie de carta de despedida supuestamente escrita por un moribundo García Márquez, totalmente cursi, que cualquiera que hubiese leído algo de ese autor enseguida habría descubierto que no era suya, y sin embargo la gente la dio por verdadera. De nada sirve tener acceso a la mayor fuente de información que ha habido en la historia de la humanidad, como es Internet, si no se tiene el espíritu crítico y las herramientas para descubrir si esa información es constructiva o pegotes que pueden ser tan verdaderos como falsos. Es como el periodista que recibe una información y no coteja las fuentes, la da por buena, no busca una segunda fuente.

En la actualidad, el docente ha de ser el primero en saber discernir en la red lo válido de lo no válido, lo contrastado de lo no contrastado, aquello que va a proporcionar un aprendizaje significativo al alumno frente a aquello que no lo va a tener. Toda esa gran fuente de información que es Internet hay que saber acercarse a ella, y eso debe aprenderlo el alumno. De las nuevas competencias que se debe desarrollar desde la escuela, probablemente esta sea la fundamental. La Wikipedia está ahí, no necesito que un alumno me recite de memoria su contenido. Tampoco me vale nada que si yo pido a un alumno que busque información en Internet para resolver una tarea, se limite a hacer un corta y pega. Prefiero esas actividades en las que Internet es la base, hay que buscar una información y trabajarla, no limitarse a reproducirla. Es como antiguamente, te decían “tienes que hacer una ficha bibliográfica de esto“, te ibas al diccionario enciclopédico del centro escolar, copiabas las 20 líneas de la entrada y las entregabas. Tan malo era eso como ahora ir a la Wikipedia y copiar.

Internet reclama poseer un espíritu crítico y las herramientas para descubrir si esa información es constructiva

– En tu trayectoria profesional has editado manuales sobre Educación para la Ciudadanía. Es una asignatura que ha estado, paradójicamente, envuelta en una polémica social, religiosa, que en otros países no ha existido. ¿Qué ha supuesto para ti editar los libros de Ciudadanía y cómo ves, desde la parte de editor, la polémica que rodeó a la materia?

En primer lugar hay que aclarar que los contenidos de Ciudadanía, como materia curricular, responden a una normativa europea por la cual es necesario que en todos los países de la Unión Europea, dentro del sistema educativo, haya unos contenidos relacionados con la educación cívica: el conocimiento esencial de las instituciones democráticas. Lo que más me llama la atención sobre la polémica es el desconocimiento de la gente que ha criticado, o incluso defendido, la materia sin conocerla. Hay un grandísimo desconocimiento sobre ella. Como editor de Ciudadanía, puedo decir que para nada es una asignatura doctrinal. Es una materia cuyas bases son la ética y el conocimiento del sistema e instituciones democráticas. Entiendo que es básico que dentro del sistema educativo todo el alumnado conozca los principios sociales y políticos que rigen el estado de derecho en el que vivimos; es un conocimiento esencial, y que en mi educación no tuve. Cuando yo estudiaba, en los años 80, el único conocimiento que tenía de la Constitución era que el día de la Constitución a lo mejor había un acto, nos daban algún folleto o libro pequeño, algún cómic, pero dentro del currículo no se estudiaba. Normalmente en Historia era cuando se podía ver la Constitución, y nos quedábamos antes de la Guerra Civil. Veo esencial que en un estado de derecho todo el mundo conozca las bases del sistema democrático, porque una de las funciones esenciales del sistema educativo es formar ciudadanos. Y creo que Educación para la Ciudadanía servía a ese principio. También me habría gustado que en mi educación se me hubiese explicado las peculiaridades de una etapa de mi vida como era la adolescencia, la que estaba viviendo en ese momento. Y eso nunca se me explicó, y sí se explicaba en Ciudadanía.

La Educación para la Ciudadanía ha sido víctima de intereses extraeducativos que para nada han tenido en cuenta las necesidades educativas del alumnado, que han buscado única y exclusivamente el conflicto político. Por un bando y por otro: creo que aquí muy pocas personas han tenido razón cuando han atacado la asignatura, sobre todo porque no había un conocimiento claro. Se ha hablado de una materia doctrinal y no lo es; de hecho, en la elaboración de los libros de texto de Educación para la Ciudadanía siempre teníamos muy claro, tanto los autores como la editorial, que esto era una materia muy práctica, y que existe una cosa que es la libertad de cátedra que tiene el docente (basándose en el currículo, evidentemente, que tiene que cumplir); era una materia en la que buscábamos continuamente que se estableciese el debate y la participación del alumnado. Porque entiendo que un alumno se tiene que plantear cómo es la sociedad en la que vive, qué puede hacer él por la sociedad en la que vive, cuáles son los problemas fundamentales de su sociedad, cómo son las nuevas realidades… En España hace 25 años no había inmigración, ahora lo más habitual es que en cualquier aula haya alumnos de diferentes procedencias, de diferente color de piel, de diferentes nacionalidades, sin ningún problema, eso es algo normal. Vivimos en una sociedad plural, y en algún momento del sistema educativo el alumno tiene que ser consciente de ello, no sólo por lo que vea, sino también mediante una reflexión teórica.

Y creo que esta asignatura cumplía todo eso. Cuando entró el nuevo gabiente tuvo bastantes presiones para eliminar la materia, y en lugar de eliminarla quiso reconvertirla. Le dieron la vuelta al currículo de la materia. Cuando difundieron el nuevo currículo lo estuvimos analizando y te das cuenta de que se quitaron ciertas palabras que no gustaban. Era muy curioso, recuerdo en concreto que si uno cotejaba el currículo de 2006, en el que se basaba la materia original, con el de 2012, que fue el nuevo currículo propuesto por el ministro Wert, hay un momento en el que en el antiguo currículo se hablaba de “las causas de la pobreza en el mundo”, y ves que han eliminado la palabra “causa”, y han dejado sólo “la pobreza en el mundo”, como si no importara conocer las causas, como si la pobreza fuera un hecho inmanente que está ahí de siempre y que estas gentes son pobres y habrá que echarles una mano. Una sociedad en la que, como te decía antes, hay inmigración, hay nuevos modelos de familia, no estamos ya en el modelo nuclear único y exclusivo, hay familias monoparentales, adoptivas, matrimonio homosexual, orientaciones sexuales de todo tipo… No es cuestión de adoctrinar, sino exponer cómo es la sociedad en la que vivimos. Y sobre todo, en lo que menos se ha insistido, creo yo, en esta materia, porque supongo que ahí nadie veía polémica, o que no querían que la gente supiese que existía eso, es toda la parte de conocimiento de las instituciones democráticas. Estamos formando ciudadanos, y para formarlos han de conocer las instituciones democráticas. Y más que nunca, ahora, la gente tiene que saber lo que es la soberanía popular, y la división de poderes, y los mecanismos de participación, qué es una democracia representativa y qué es una democracia directa, cómo podemos participar, qué es una iniciativa legislativa popular, conocer la Constitución Española.

Una de las funciones esenciales del sistema educativo es formar ciudadanos y creo que Educación para la Ciudadanía servía a ese principio

-¿No crees que la asignatura en este momento actual resulta incómoda, precisamente por el proceso de dualización tan fuerte que está teniendo la sociedad española? A mí me preocupa que la voz del ciudadano se vea como una amenaza, como antisistema. En algún momento se ha hablado incluso de un secuestro de las instituciones democráticas. ¿No crees que la asignatura resulta incómoda porque en definitiva era enseñar al alumno, que vive en una sociedad democrática, que su voz tiene valor, y que los grupos políticos representan a la sociedad?

Evidentemente, pero también vivimos en una sociedad que politiza la educación, y educación nunca debería estar politizada. Sueño con un día en que todas las fuerzas políticas lleguen a un gran pacto por la educación. Será la única forma de que la educación en España se deshaga de bastantes lastres que tiene todavía. La educación no puede ser un arma política, ni puede ser una ficha con la que jugar a la hora de llegar a pactos políticos. La educación tiene que estar por encima del gobierno que esté. Me da igual: una educación no debe de ser de derechas ni de izquierdas, debe estar muy por encima de eso. La LOMCE, si finalmente se aprueba, sustituirá Ciudadanía por una asignatura que se llama Valores Éticos, volvemos a la antigua Ética.

Raul Guerrero Sánchez

Raul Guerrero Sánchez

Has usado antes la palabra antisistema; yo creo que es antisistema aquél que no se preocupa por conocer el sistema en el que vive. Los verdaderos antisistema son aquéllos que no quieren que los ciudadanos estén formados, aquéllos que no consideran necesario que una persona conozca la Constitución, que es la ley de leyes, la ley fundamental que rige nuestras vidas, nuestra vida en sociedad. Por eso, para muchas personas probablemente era una asignatura incómoda, porque transmitía no sólo unos conocimientos, sino también unos valores. Pero no unos valores de izquierdas o de derechas, sino unos valores democráticos. Valores éticos también: la solidaridad, la fraternidad, la igualdad, la responsabilidad… Porque, por ejemplo, cuando se habla de los valores constitucionales, también se habla de los derechos fundamentales, pero también de los deberes fundamentales. En esta asignatura el alumno aprendía que hay que pagar impuestos, y por qué hay que pagarlos, y cuál es la necesidad de pagarlos, y de cómo ese pago repercute sobre el conjunto de la sociedad. Y que somos un Estado de derecho social, que tenemos una responsabilidad, y un Estado solidario. Son todos valores constitucionales. ¿Qué tienen de malo? ¿A quién le preocupa que se hable de valores constitucionales? ¿A la izquierda, a la derecha, al PP, al PSOE? ¿Quién está en contra de esos valores constitucionales? Tenemos una constitución que partió del consenso, ¿ahora nos preocupa que la gente conozca cuáles son sus derechos, cuáles son los valores fundamentales, que se hable de pluralismo político, de solidaridad, de participación pública? Como ciudadanos nuestro deber es participar en las instituciones públicas, y cuestionar aquello que no nos parezca correcto. A lo mejor lo que interesa es no crear a verdaderos ciudadanos, sino volver a un sistema educativo que sólo transmita una serie de conocimientos, que quiera segregar, seleccionar la excelencia, quedarse sólo con los alumnos excelentes y convertir al resto en personas que no es necesario que sigan aprendiendo… No sé lo que se busca, pero no creo que sea una educación integradora y no excluyente. Si buscamos una educación excluyente estamos cometiendo un gran problema.

Los verdaderos antisistema son aquéllos que no quieren que los ciudadanos estén formados

-Vamos a volver a tu trayectoria. Has hablado de que en tu vida un hito ha sido la llegada de Internet. Tú tienes la perspectiva de una historia en la que uno puede valorar su aprendizaje. Te invito a mirar hacia atrás y que cuentes qué aprendizajes te han ido ofreciendo cada una de las épocas de tu vida: la escuela, el instituto, la carrera, el mundo laboral…

En el colegio, o en la escuela, lo que era la enseñanza obligatoria (yo soy de la época de la EGB, el Bachillerato y COU) tú aprendías cosas pero no había un aprendizaje. Consistía en ir pasando fases, como en un videojuego, todo ello basado en una repetición de unos conocimientos adquiridos previamente. No era una enseñanza basada en la construcción de un aprendizaje significativo, no había nada parecido a las competencias básicas, no se tenía en cuenta la diversidad del alumnado, no había unas inteligencias múltiples a las que atender, era inconcebible pensar en la aportación de la inteligencia emocional al proceso de enseñanza-aprendizaje; era una mera memorización de contenidos para luego soltarlos cada tres meses en un papel. Eso fue tanto la EGB como el BUP. Cambiaban el nivel, las materias, pero el procedimiento era siempre el mismo: memorizar, memorizar y memorizar.

Todo cambia, al menos en mi caso, cuando uno llega a la universidad. Yo estudié lo que entonces se llamaban los planes nuevos, que entraron a mediados de los 90. Entré en la universidad en el Plan Antiguo: una filología muy genérica, todos los alumnos de las diferentes filologías estábamos allí. Pero al año siguiente introdujeron los planes nuevos, y yo me incorporé al de Filología Hispánica y ahí rápidamente, en un año, tuve que cambiar totalmente el chip. Si bien es cierto que había algunas materias en las que se nos seguía exigiendo meramente aprendernos una serie de páginas de apuntes, o de un libro fotocopiado, o de una revista especializada, ahí ya sí encontrabas la necesidad de crearte tu propio aprendizaje, con unas herramientas, unas guías, que te podía dar el docente. Es verdad que ibas a la hemeroteca, a la biblioteca, desarrollabas trabajos, no todo era ya la nota… En los estudios universitarios yo sí era más dueño de mi aprendizaje.

Tuve grandes profesores. En mi vida educativa he tenido pocos profesores que recuerde. Uno fue mi profesora de primero de EGB –la seño María Luisa. Todos tenemos nuestros tres o cuatro referentes en nuestra vida escolar, yo tengo a esa señorita, un par de profesores en la Segunda Etapa, don José Ramón y don Miguel. El resto de los profesores, mejor olvidarlos, fue una educación digna de olvido la que recibí en el colegio hasta COU. Sin embargo, en la universidad otra vez tuve la suerte de encontrarme a lo que puedo considerar grandes maestros, grandes profesores que te transmitían su pasión. Ya podían ser clases más o menos magistrales, es verdad que luego había métodos muy diversos. En general, me da pena confesarlo, no he encontrado grandes pedagogos en mi vida educativa: el 90% era la mera replicación y transmisión de conocimientos. Lo que pasa es que algunos conocimientos que transmitían eran muy buenos, o en la selección se notaba que había un gran trabajo. Pero pedagógicamente ha sido todo muy tradicional, muy encorsetado, muy de plantilla.

Raul Guerrero Sánchez

Raul Guerrero Sánchez

Luego hice un máster, también basado en clases magistrales, pero lo que sí había mucho más era dinámicas de trabajo, dinámicas de grupo. Como la mayoría de los máster, a lo largo de los módulos, se va elaborando las diferentes fases de un proyecto, en este caso era la creación de una hipotética editorial y la elaboración de un libro, que en mi caso fue Educación y Enseñanza, de Francisco Giner de los Ríos; la recuperación de varios artículos del que considero uno de los padres de la pedagogía en España con su Institución Libre de Enseñanza. Supongo que en el fondo decidí que se editara Giner de los Ríos porque es lo que me habría gustado, haber recibido una educación de ese tipo, basada en unos principios democráticos, laicos, muy diferentes a los que recibí en mi educación en un colegio religioso.

Y luego viene el aprendizaje en el mundo del trabajo, para el cual ni que decir tiene que ninguno de los escalafones de la enseñanza reglada y no reglada me sirvieron absolutamente para nada… Quizás ya en el máster, que estaba más enfocado a un trabajo en el sector en el que finalmente me he desarrollado, que es el de la edición. Los conocimientos que adquirí en la universidad no me han servido para ser mejor o peor editor, porque entiendo que para ser un buen editor hay que tener muchísima curiosidad, gustarte mucho leer… Respecto a mi aprendizaje en el mundo laboral, cada empresa tiene sus procedimientos, sus formas de trabajar, sus cadenas de producción, métodos… Es curioso, porque deslindo mucho mi vida educativa de mi vida profesional. Lo que sé de mi trabajo a día de hoy me lo ha dado la experiencia, el día a día, el enfrentarte a problemas, el resolver problemas, el trabajar con buenos profesionales, porque son ejemplos de gente que ha pasado por lo que tú has pasado… Es cierto que mi periodo educativo ha sido muy teórico, y mi periodo profesional muy práctico. El máster de edición fue al respecto una especie de bisagra, entre otras cosas porque había un periodo de prácticas, que me permitió trabajar durante un par de meses en el Grupo Santillana, y saber lo que es una empresa editorial por dentro… aunque luego llegas a otra editorial y los procedimientos y funciones son diferentes. Yo empecé como corrector, labor que alternaba con la de maquetador; posteriormente estuve en una editorial pequeña en la que lo hacía todo, con lo cual toqué todos los eslabones de la cadena, y en los últimos cinco años sí es verdad que me considero más editor, o lo que se llama en el mundillo editor de mesa, con el añadido de que es una editorial de texto. Yo nunca había trabajado en edición educativa, lo más parecido que había hecho era edición universitaria, pero allí no deja de ser editar ensayos o tesis doctorales. Considero que la edición de texto es de las más complejas, pero también de las más gratificantes, porque te exige unas competencias a todos los niveles: has de ser capaz de enfrentarte a un original, de adaptar unos contenidos a una legislación, cosa que hasta ahora, evidentemente, cuando yo editaba una tesis doctoral o una novela, no había ningún problema; ahora tienes que tener en cuenta el currículo, la legislación educativa, conocer los diferentes niveles, saber cómo es un alumno de catorce años y las diferencias con un alumno de 16… He tenido la suerte de trabajar en métodos infantiles, aunque sea de refilón. Es un mundo asombroso. En nuestra editorial se hacen tanto métodos tradicionales como proyectos constructivistas, ahora mismo también estamos sacando cosas relacionadas con las inteligencias múltiples; descubres que hay gente que aprende a leer con mayúsculas y hay gente que aprende a leer con minúsculas, que hay gente que prefiere que los alumnos aprendan a leer mediante el silabeo, mientras que otros prefieren que se aprenda conociendo las letras una a una… Otro de los aspectos positivos de la edición educativa es que te permite trabajar en proyectos de muy diversas materias: Ciencias, Ciudadanía, Filosofía, Formación Profesional.

Lo bueno es estar abierto, ya no sólo a aprender cosas nuevas, sino a cómo aprender esas cosas

-Para terminar, si tuvieras que escribir un párrafo sobre el aprendizaje, algo significativo para ti, ¿qué dirías?

No concibo desarrollarme como persona sin aprender. El aprendizaje es para mí algo inherente a la persona. No creo que sea un proceso que vaya a acabar nunca, por eso no sé siquiera si es un proceso o algo connatural a cualquier persona: no puedes vivir sin aprender, aunque no quieras vas a aprender. Y lo bueno es estar abierto, ya no sólo a aprender cosas nuevas, sino a cómo aprender esas cosas.

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Publicado en: Entrevista, Voces
Entrevistador: José Manuel Martos Ortega
Editor: José Manuel Martos Ortega
2 comentarios sobre “Caminando de lo analógico a lo digital
  1. María del Carmen dice:

    Muy buen material de reflexión. Hace falta que la tecnología ocupe su espacio sin olvidar a la persona. Ojalá todos los centros educativos cuenten con digitalización y tanto los alumnos como los docentes…en fin, toda la comunidad educativa, sean grandes pensadores y grandes influyentes en la sociedad actual, que actúen en pro de la evolución digital y personal.Gracias!

  2. joe dice:

    buenas preguntas y mejores respuestas. Enhorabuena por la sensatez.
    salud

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