Contar la vida, narrar nuestra historia de aprendizaje

¿Qué significa narrar la vida? ¿Tiene sentido hablar de nuestra experiencia? ¿Por qué compartir nuestras trayectorias personales de aprendizaje? Si detrás de un proyecto, una iniciativa o una propuesta de trabajo existen siempre unas preguntas,  éstas son las cuestiones que están en el origen de nuestro proyecto Voces de Aprendizaje.

El siglo XX abrió un horizonte de crítica posmoderna a la razón ilustrada y, por consiguiente, a los grandes metarrelatos o grandes narraciones construidas para legitimar la realidad. Pero los metarrelatos siguen existiendo, quizás construidos con otras formas nuevas de narrativa,  ya que las sociedades y los grupos hegemónicos los necesitan para justificar situaciones y decisiones que afectan a nuestro día a día, en definitiva, a nuestra vida en toda sus dimensiones: personal, social, económico, educativa, etc.

La crítica posmoderna puso en crisis el principio con el que Kant encabezaba, como argumento para justificar la objetividad de su obra , la segunda edición de su Crítica de la Razón Pura: “De nobis ipsis silemus” (sobre nosotros mismos callamos). La  perspectiva positivista, en la que la vida (la microhistoria de las personas, sus experiencias, la forma en que vivencian los acontecimientos históricos) no tenía cabida, silenció las voces de los protagonistas de la historia, a la vez que marcaba la distancia entre el investigador y el sujeto investigado para excluir el mundo de la vida. El giro hermenéutico de las ciencias sociales ha contribuido a dar un estatuto epistemológico propio a las ciencias humanas considerando las relaciones personales, las experiencias de los hombre y mujeres,  como una clave hermenéutica que nos ayuda a comprender el mundo.

Todos necesitamos “comprender”, encontrar un sentido a lo que nos acontece y nos rodea. De este modo emerge una razón narrativa. Tal y como afirmaba Ortega y Gasset,

frente a la razón pura físico-matemática hay, pues, una razón narrativa. Para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar una historia“.

Contar la vida para comprender

Narrar la vida

Narrar la vida

¿Por qué necesitamos contar la vida? ¿Por qué las culturas a lo largo de la historia se han asentado y expresado  por medio de narrativas? Porque todos, como individuos y como sociedades necesitamos comprendernos y así forjar nuestra identidad.  Relato y vida están profundamente unidos en un maridaje que va de la mano a lo largo de la historia de la humanidad. Así lo señalaba Roland Barthes (1970):

El relato comienza  la historia misma de la humanidad; no existe ni ha existido en ningún lugar un pueblo sin relato, el relato está ahí como la vida.

Todos necesitamos contar nuestra vida para comprender quiénes somos. Por la narración autobiográfica nos detenemos en nuestro presente, miramos a nuestro pasado y vislumbramos el futuro. En definitiva, narrando construimos nuestra identidad a partir de la experiencia  y  hacemos memoria de nuestra existencia. Hace tiempo escribía al respecto:

Narrativa, memoria y experiencia caminan de la mano en el proceso de construcción de la identidad. La memoria es el vínculo que une la narración con la experiencia. El reto de narrar la vida o contar una microhistoria es un ejercicio de una conciencia creadora que mira hacia atrás, que hace memoria, para reconstruir lo que uno es por medio de lo que ha sido. El relato, según Ricouer (1996:147), “construye la identidad del personaje”, y edifica “palabra a palabra” a la persona que lo escribe, ya que permite fundir en una unidad de sentido la narrativa, la memoria y la experiencia. La vida “se hace al contarla” (Allende, 1994: 16), se construye por medio de un proceso lento, no carente de lucha y conflicto, de búsqueda y discernimiento. La memoria cuando se vuelve relato, en forma de testimonios sobre acontecimientos o en forma de narración biográfica, busca dar coherencia, sentido y direccionalidad a la concatenación de los hechos seleccionados. (Pujadas, 2000: 151) (Martos, 2006: 202)

Narrar nuestra historia de aprendizaje para generar conocimiento práctico

Pero ¿qué sentido tiene narrar nuestra historia de aprendizaje? ¿No constituirá un eco vacío, un conjunto de anécdotas más o menos cercanas en el espacio y en el tiempo? El dar la voz a hombres y mujeres de nuestro tiempo (en un momento en que en algunos ámbitos y sectores se tiene miedo a las voces de los ciudadanos, e incluso se llega a considerar como una amenaza o un ataque desestabilizador del sistema) reviste una singular importancia. En un contexto de reformas educativas, de reestructuración de los sistemas de formación, de la irrupción de las Nuevas Tecnologías en nuestras vidas,  el aprendizaje se debería colocar en el corazón del debate.

Dar la voz, “hablar de nosotros mismos”, de nuestra historia de aprendizaje, constituye una fuente de construcción de conocimiento práctico (Bolívar, Domingo y Fernández, 2001: 56). Un conocimiento que reflexione sobre experiencias reales de aprendizaje, sobre el proceso acaecido en estos últimos decenios en los que se ha tomado conciencia de cómo el aprendizaje ha roto las paredes del aulas de los sistemas formales y no formales de educación, para revalorizar los ámbitos informales de educación, el aprendizaje desde la práctica profesional y desde la vida.

Señalaba Ortega y Gasset en El tema de nuestro tiempo: “Cada individuo es un punto de vista esencial”, ya que “la perspectiva es uno de los componentes de la realidad”. En cada historia de aprendizaje, en cada relato de nuestra trayectoria educativa, resonará el punto de vista esencial, la perspectiva de cada uno para descubrirnos que el aprendizaje no transita por un camino estandarizado sino, como elemento esencial de la vida humana, se desliza con libertad por sendas tan particulares y tan irrepetibles como la existencia de una persona.

Desde este proyecto queremos contar la vida, narrar historias de aprendizaje, compartir una sinfonía de voces que nos mostrarán -y eso nos ayudará a aprendernos y a comprender nuestra historia de aprendizaje a la luz de los relatos de otros- que siempre es posible la mejora, la innovación, la búsqueda de la equidad educativa y formativa.

José Manuel Martos Ortega

FUENTES:

ALLENDE, I. (1994). Paula. Barcelona: Plaza & Janés.

BARTHES, R. (1970). Introducción al análisis estructural de los relatos, en R. BARTHES, Análisis estructural del relato. Buenos Aires: Tiempo contemporáneo.

BOLIVAR, A., DOMINGO, J. y FERNÁNDEZ, M. (2001). La investigación biográfico-narrativa en educación. Enfoque y metodología. Madrid: La Muralla.

BOLIVAR, A. (2002). “¿De nobis ipsis silemus?”: Epistemología de la investigación biográfico-narrativa en educación. Revista Electrónica de Investigación Educativa, Vol. 4, nº 1.

MARTOS, J.M. (2006).  “El camino de la construcción de la identidad de un Director de Residencia Universitaria. Reflexiones a propósito de un estudio de caso”. Revista de Educación de la Universidad de Granada, 19, 199-218.

PUJADAS, J.J. (2000). El método biográfico y los géneros de la memoria. Revista de Antropología Social, 9, 127-158.

RICOEUR, P. (1996). Sí mismo como otro. Madrid: Siglo XXI.

whatsappFacebooktwittergoogle_pluslinkedinmail
Etiquetado con: , , , ,
Publicado en: Narrativa
2 comentarios sobre “Contar la vida, narrar nuestra historia de aprendizaje
  1. Una magnificas iniciativas digna del apoyo de todos.

  2. Gracias Rodrigo por tu colaboración y apoyo constante.

1 Pings/Trackbacks para "Contar la vida, narrar nuestra historia de aprendizaje"
  1. […] y  el necesario desaprender  posibilitan avanzar, crecer, y construir nuestro proyecto vital. Las narraciones de aprendizaje son reveladoras y epifánicas en la medida que nos descubren la diversidad de caminos por los que […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Moderación de comentarios.